La caída de un gobernador
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Aquel lejano mes de noviembre de 1985 recibí un llamado urgente con la inscripción de que me presentara en la oficina del licenciado Raúl Garza de la Garza, entonces director de Prensa del Gobierno de Nuevo León.
Puntual, llegué a su despacho.
Recuerdo que el funcionario se encontraba sentado en su mullido sillón.
Sobre el escritorio revisaba con rigor quirúrgico unos documentos; era mi expediente periodístico, por cierto, muy escaso.
De nariz aguileña y cabello lacio, el funcionario fumaba como sentenciado a muerte.
Sus enormes gafas escondían una mirada de lince, que de entrada, me escaneó de pies a cabeza:
"¡Carajo!, ¿y este pinche huerco nos irá a dar resultado?”, casi presentí leer sus pensamientos.
Tenía apenas 24 años de edad y "estaba en pañales" en el Periodismo, una profesión que ahora me apasiona.
Entonces Don Raúl, me observó de nuevo, dio una larga bocanada a su cigarro Marlboro, expelió el humo casi en mi cara y me soltó con desgano.
“Francisco Peña has sido asignado a cubrir la próxima reunión de gobernadores fronterizos que se celebrará en Las Cruces, Nuevo México”, dijo amoscado mientras........