Pensar cuesta el dogma es gratis
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Ante el reciente memorándum de entendimiento firmado para detener y buscar acabar con la violencia en Oriente Medio, centrada por ahora en el desgastante conflicto entre Irán e Israel.
La opinión pública internacional se debate entre el alivio y el escepticismo, obligándonos a plantear una interrogante incómoda pero critica :
¿cuánto habrá de durar la vigencia de este pacto?
La respuesta a la viabilidad de cualquier acuerdo diplomático en la región no descansa únicamente en la voluntad de sus líderes firmantes o en el diseño de sus cláusulas, sino en la comprensión de una fuerza que opera bajo la superficie política: el absolutismo ideológico y doctrinal.
Existe una pregunta que la historia nunca se ha molestado en responder con delicadeza:
¿por qué los seres humanos, que son capaces de construir catedrales y calcular la trayectoria de un cometa, prefieren con tanta frecuencia no pensar?La respuesta no es halagüeña.
Pensar cuesta, el dogma, en cambio, es gratis, o eso parece.
El fundamentalismo —en cualquiera de sus formas— tiene una lógica sencilla y brutal: ofrece certeza donde no la hay, identidad donde escasea y enemigos donde hacen falta.
Su fuerza no radica en la verdad de lo que afirma, sino en la facilidad explicatoria que proporciona y en la imposibilidad de una dialéctica en virtud de su hermetismo.
No hay con qué discutirle.
Eso, para mucha gente, no es una falla del sistema, es exactamente lo que buscan.
Y un pueblo que no piensa es dócil al poder, siempre lo ha sido, no es casualidad que los poderes de todo signo —teocrático, colonial,........
