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Pensar cuesta el dogma es gratis

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22.06.2026

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Ante el reciente memorándum de entendimiento firmado para detener y buscar acabar con la violencia en Oriente Medio, centrada por ahora en el desgastante conflicto entre Irán e Israel.

La opinión pública internacional se debate entre el alivio y el escepticismo, obligándonos a plantear una interrogante incómoda pero critica : 

¿cuánto habrá de durar la vigencia de este pacto?

La respuesta a la viabilidad de cualquier acuerdo diplomático en la región no descansa únicamente en la voluntad de sus líderes firmantes o en el diseño de sus cláusulas, sino en la comprensión de una fuerza  que opera bajo la superficie política: el absolutismo ideológico y doctrinal. 

Existe una pregunta que la historia nunca se ha molestado en responder con delicadeza: 

¿por qué los seres humanos, que son capaces de construir catedrales y calcular la trayectoria de un cometa, prefieren con tanta frecuencia no pensar? 

La respuesta no es halagüeña. 

Pensar cuesta, el dogma, en cambio, es gratis, o eso parece. 

El fundamentalismo —en cualquiera de sus formas— tiene una lógica sencilla y brutal: ofrece certeza donde no la hay, identidad donde escasea y enemigos donde hacen falta. 

Su fuerza no radica en la verdad de lo que afirma, sino en la facilidad explicatoria que proporciona y en la imposibilidad de una dialéctica en virtud de su hermetismo. 

No hay con qué discutirle. 

Eso, para mucha gente, no es una falla del sistema, es exactamente lo que buscan. 

Y un pueblo que no piensa es dócil al poder, siempre lo ha sido, no es casualidad que los poderes de todo signo —teocrático, colonial,........

© Detona