Ni cordero ni emperador
Circe la hechicera tenía a los compañeros de Ulises convertidos en corderos y le hizo una oferta al héroe:
Devolverle a uno, siempre que el cordero aceptara volver a ser hombre.
Plutarco cuenta que uno de ellos se llamaba Grilo, que Ulises fue a buscarlo con la mejor intención y que el cordero le dijo que no.
No fue un capricho.
Grilo tenía razones, y las dio con una gracia extrañamente cierta.
En el corral nadie te pide cuentas por lo que dices.
Nadie te obliga a opinar de lo que no te conviene.
Se come, se duerme, se gruñe cuando toca y se vive tranquilo.
Ser hombre, en cambio, es pensar, decir, arriesgarse, y ya se sabe lo que eso puede llegar a costar.
Lo peor es que Grilo no estaba loco.
Tenía miedo, que no es lo mismo, y el miedo siempre trae razones bien vestidas y........
