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Los árboles caminan

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30.09.2026

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El 25 de Septiembre próximo pasado, en la cena de Estado de la Casa Blanca, Xi Jinping levantó la copa y dijo que el “hacer grande a Estados Unidos otra vez” de Trump y el “gran rejuvenecimiento de China” pueden reforzarse mutuamente. 

MAGA en boca de Xi. 

Un gesto de cortesía casi cómico, casi sarcástico. 

Conviene no reírse tan rápido, porque detrás de la broma hay una propuesta muy seria y su lectura correcta es, tú mandas en tu patio, yo en el mío, y los demás que se acomoden como puedan.

Mientras tanto, en Nueva York, la Asamblea General de la ONU cumplía su ritual. 

Discursos, delegados que se salen de la sala, cancilleres hablándole a butacas vacías, presidentes que usan la tribuna del mundo para hablarle a su electorado. 

Lo que de verdad se firmó, se firmó en los pasillos: 

Groenlandia, las pláticas con Irán, los enviados del Kremlin sentados con los de Washington. 

El Consejo de Seguridad, como siempre, esperando a que los tres grandes se decidan para luego pronunciarse.

La plantilla ya se agotó. 

Aquella que se construyó sobre las ruinas de la Sociedad de Naciones, ese mapa mental para la convivencia entre países, se desorganizó tanto como el mapa del poder geopolítico y el de la economía. 

Hasta el Secretario General tuvo que recordarles a las superpotencias, en su discurso de apertura, que su poder tiene límites. 

Cuando el administrador de la casa tiene que decirle eso a los dueños, la casa ya no funciona para todos.

Pero cuidado con el diagnóstico fácil. 

Que la paz dependa de que tres potencias se pongan de acuerdo no es ninguna novedad. 

Yalta fue un acuerdo entre tres. 

El derecho de veto del Consejo de........

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