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El péndulo redistributivo

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12.08.2026

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Llevamos años discutiendo sobre izquierdas y derechas como si fueran la causa de algo, cuando son apenas el disfraz que se pone la misma enfermedad según el clima político del país donde brota. 

Cuba, Venezuela, Nicaragua no colapsaron por leer demasiado a Marx, de hecho, en El Capital no hay una sola línea sobre comisariados, partido único o culto al líder vitalicio. 

Colapsaron porque Lenin, no Marx, inventó al vanguardista que sabe mejor que el pueblo lo que al pueblo le conviene, y porque esa vanguardia construyó una burocracia, el Comité Central, el Politburó, la prohibición de fracciones que Lenin mismo decretó en 1921, en plena Kronstadt, como medida "temporal" que Stalin no inventó, solo heredó, y descubrió que nadie podía ya quitarle la llave.

Ortega, de Nicaragua, no gobierna con Das Kapital bajo el brazo. 

Gobierna con el manual de Somoza traducido a consignas sandinistas, que es harina de otro costal. La etiqueta ideológica cambia; lo que no cambia es la estructura, alguien se autodeclara el pueblo, sin que el pueblo pueda ya contradecirlo, y ahí empieza la cuenta regresiva.

Aquí es donde México debería dejar de mirar a Nicaragua con lástima y asombro, deberia empezar a mirarse al espejo con más cuidado. No hace falta un gulag para desmontar la corrección política de un sistema. 

Basta con controlar al árbitro electoral, colonizar las cortes, desaparecer los órganos autónomos de control, y ahora ir por el último eslabón que faltaba, la regulación de medios y redes, vendida, como siempre se vende, con el envoltorio más difícil de rechazar, la protección a la niñez. 

Ese es el patrón, no la ideología, cuando el mecanismo que corrige al poder queda en manos del propio poder, ya no hace falta reprimir con tanques. 

Basta con elevar el costo de la disidencia informada lo suficiente para que la mayoría racional, agotada, elija el silencio. 

Eso no es menos grave que el estalinismo, es más barato, y por eso mismo más difícil de nombrar y de combatir.

Pero equivocarse de enfermedad es peligroso, porque uno acaba tratando el síntoma y dejando viva la causa. 

La causa no es de qué lado del espectro gobierna el partido en turno. La causa es monetaria y social, y es más vieja que cualquier presidencia. 

Emisión y deuda crecen sin freno porque a ningún gobierno, de cualquier color, le conviene frenarlas mientras dure la fiesta.

El costo político de apretar el cinturón siempre se paga antes de la próxima........

© Detona