Paparadigma
Gritó Pedro: “¡Que viene el Papa! ¡Que viene el Papa!”. Pero como se apellidaba Sánchez muchos no le creyeron hasta que finalmente llegó el Papa. Nada de devorar a las ovejas, sino echar una legañada al rebaño, dar un toque de atención por aquí, una collejita por allá y recordar ciertos deberes éticos (más allá del catecismo del Padre Astete) que conviene engrasar de tarde en tarde.
Pero hay que reconocer que a efectos de molestias reales para los ciudadanos de los lugares visitados son los mismos de siempre: peor que una gira de los Rolling Stones o la final de un Mundial de Fútbol. Vías cortadas, atascos, multitudes erráticas de peregrinos, bocinazos........
