Julito lo sabe todo
A Julito Martínez le tiemblan las canillas. Siente un sudor frío por la espalda. Le atormenta imaginarse los barrotes de la celda. Cree que puede ser carne de cañón. Este empresario sin relumbrón, a quien un juez y la UDEF convierten en testaferro de los lobbistas negocios de Zapatero, vive angustiado, prisionero de una duda existencialista: hablo o no hablo. Es decir, cuento (casi) todo lo que sé acerca de la doble vida del expresidente imputado y sigo, por tanto, el modelo Víctor de Aldama para procurar como garganta profunda cualificada la exculpación, o me inmolo. Ahí radica la suerte de un proceso judicial que podría llevarse por delante, en medio de una comprensible conmoción, o un gobierno, o una legislatura o la confianza en un sistema judicial y policial.
A la espera de conocer el sumario, ya tildado de aterrador por quienes supieron antes que nadie la inmediatez del explosivo auto que incrimina a ZP, el goteo de indicios provoca, desde el cristal de la objetividad, una profunda indignación. Aquel apóstol de las causas sociales, el predicador de la moral política, el adalid del diálogo queda reducido, de momento, a un........
