Las piscinas naturales, forja de valientes
Asociamos, casi como un reflejo, el verano a la playa y el mar. Eso es ahora, que vivimos en un mundo postindustrial. Antes, ¡ja! Antes no existían Alicante y Cádiz. Plentzia y Mutriku, justo-justo; arenales donde el personal se podía apear de los remolones trenes de vía estrecha. ¿Croacia? Ni siquiera era un país. Y sus costas imaginarias quedaban tras la difusa frontera del Telón de Acero. Que era un mundo de hombretones bigotudos tocados con gigantescas gorras de plato donde, inexplicablemente, jugaban muy bien a un deporte inventado en EE.UU.: el baloncesto. Se trataba de otros tiempos. Cada cual regresaba a su origen. Y recibía el asilo de pacientes abuelas y abuelos, alguna tía o tío recalcitrante al matrimonio y unos primos silvestres con permanentes arañazos en las rodillas y ronchones en los mofletes.
En ese universo, cerca de Enkarterri, en las estribaciones del Gorbea, en la montaña de Araba, Aiaraldea o Agurain, en ese vientre de Gipuzkoa........
