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Insiste, que algo queda

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Seguramente, todos coincidimos en que, si un adolescente confía más en un algoritmo que en su familia, docentes, amigos o incluso en un profesional de la salud… tenemos un grave problema. Lo paradójico -y trágico- es que al tratar de buscar soluciones, la diversidad de opiniones encontradas acaba por ser un problema igual al anterior por los efectos que se derivan: inacción que provoca desarreglos emocionales graves e incluso muertes. La IAG tiene capacidad de persuasión porque está diseñada para mantener la interacción y prolongar el diálogo, lo que aumenta la fidelización y la recolección de datos. Ello supone la permisividad de respuestas falsas con apariencia de certeza que pueden llevar a que un joven vulnerable a que reciba respuestas que afecta a sus decisiones vitales. 

Los sistemas de IAG diseñados para simular vínculos afectivos y empatía suponen un nivel de riesgo que al poder económico que hay detrás, solo le importa ya tener el poder político. Me subleva que “no sea posible” eliminar redes sociales con derecho a que sus usuarios no se identifiquen, aunque escupan odio y agresividad montando verdaderos estados de opinión. Lo llamativo es que los usuarios son de muchos países, y de perfiles políticos diferentes. ¿Para qué somos la Unión Europea?

Urge la aprobación de una........

© Deia