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Cuando dejamos de cuidar las palabras

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Las pruebas de acceso a la universidad en la EHU han situado en las últimas semanas la ortografía y el nivel lingüístico en el centro del debate público. Tras la publicación de los resultados definitivos, la propia universidad ha difundido un análisis que relativiza parte de la polémica inicial y sitúa las calificaciones de Euskera dentro de parámetros comparables a los de otras materias.

No pretendo entrar en esa controversia ni cuestionar las decisiones académicas adoptadas. Mi interés es otro: reflexionar sobre un fenómeno mucho más amplio que trasciende lo ocurrido y que afecta por igual al euskera, al castellano y a cualquier otra lengua: la creciente pérdida de atención hacia el dominio de la lengua escrita como uno de los pilares de nuestra cultura democrática.

Más allá de aquella controversia, el episodio ha reabierto una cuestión de fondo: ¿qué ocurre cuando una sociedad empieza a considerar que escribir correctamente deja de ser importante? Ojo: una falta de ortografía no hace a nadie menos inteligente, pero –y esto es lo que más importa– puede revelar una creciente indiferencia hacia el dominio de la lengua escrita. Aprender varias lenguas y ser políglota no solo amplía la capacidad de comunicación; también ensancha el horizonte intelectual y ofrece nuevas formas de comprender la realidad.

Conviene aclararlo desde el principio: la ortografía no es la cultura ni mide por sí sola la inteligencia. Han existido científicos brillantes con una escritura imperfecta y personas de ortografía impecable, incapaces de escribir un ensayo interesante. Pero tampoco conviene caer en el extremo contrario. No son las faltas de ortografía, por sí solas, las que empobrecen una sociedad; lo hace la indiferencia hacia el dominio de la lengua escrita, de la que esas faltas suelen ser el síntoma más visible.

Escribir bien exige atención,........

© Deia