Resignificación en el siglo XXI y en Europa: la obligada actualización del Autogobierno vasco basado en la tradición foral
Ciento cincuenta años después de 1876 cabe hablar de una transición desde la foralidad a la Europa de la Gobernanza Multinivel, así como de la proyección internacional del autogobierno vasco y la resignificación de una tradición política en el siglo XXI.
El verdadero significado del aniversario de lo que supuso la ley 1876 no consiste en recordar únicamente el final de un sistema ni de unas instituciones. Radica, de manera alternativa, en reconocer la extraordinaria capacidad de una tradición política para reinventarse. Las denominaciones han cambiado. Hablábamos de Hermandades, de Juntas o de Fueros. Hoy hablamos de Subsidiariedad, Gobernanza multinivel, Cooperación territorial o Integración europea. Pero las preguntas de fondo siguen conservando un mismo hilo conductor: cómo (de)limitar el poder, cómo preservar la diversidad y cómo construir comunidad sin renunciar a la libertad. Ciento cincuenta años después, la Cuestión Foral ha dejado de ser solamente una Cuestión Vasca para pasar a adquirir una Dimensión Europea.
Cuando recordamos la Abolición Foral de 1876 solemos hacerlo desde la lógica de la pérdida. La memoria colectiva nos invita a contemplar aquel momento como el final de una larga trayectoria histórica de autogobierno y como la imposición de una idea uniforme del Estado frente a una tradición política singular.
Esa mirada es legítima, sin duda, pero, ciento cincuenta años después, quizá debamos formular una pregunta distinta: ¿Qué ocurre cuando una tradición política sobrevive a la desaparición de las instituciones que la sustentaban?
Si algo demuestra la historia vasca es que los Fueros fueron mucho más que un sistema jurídico. Fueron una forma de comprender el poder, la comunidad, la libertad y la relación entre identidad y pluralidad.
Eso nos obliga a mirar 1876 no sólo como un final, sino también como el inicio de una transformación. La tesis de la reflexión que cabe plantear es que lo verdaderamente relevante es que muchas de las ideas que contenían los Fueros han terminado reapareciendo, transformadas y resignificadas, en la Europa contemporánea.
La ley de 21 de julio de 1876 debe entenderse en un contexto europeo más amplio. No fue únicamente un episodio de la historia vasca. Formó parte de un fenómeno continental. Durante el siglo XIX, Europa se articuló alrededor de una idea dominante: la construcción del Estado-nación soberano, uniforme y centralizado. Todo respondía a una misma lógica: una única nación, una única soberanía, una Administración, una legislación. Las singularidades territoriales eran percibidas como vestigios del Antiguo Régimen.
La ley de 1876 respondió precisamente a esa mentalidad. La diversidad institucional dejó de considerarse una riqueza política para convertirse en una anomalía. Sin embargo, la historia posterior produciría una paradoja extraordinaria: Europa acabaría descubriendo que la uniformidad absoluta no resolvía los problemas de sociedades cada vez más complejas.
La construcción europea representa precisamente la superación del paradigma político que triunfó en 1876. La Unión Europea no es un Estado. Tampoco es una organización internacional tradicional: es una realidad política inédita, un espacio compartido donde coexisten múltiples niveles de legitimidad y de decisión, con un doble alma intergubernamental y supranacional y que redistribuye ad intra territorialmente el poder para ganar en eficacia.
Desde esta perspectiva, Europa constituye probablemente el mayor experimento histórico de gestión de la diversidad jamás desarrollado. Y es aquí donde aparecen conexiones extraordinarias con determinadas tradiciones políticas presentes en la experiencia foral: los Fueros no eran una concesión graciosa, eran expresión de una relación pactada, una comprensión no absoluta del poder político. La autoridad estaba limitada por compromisos previos: por vínculos históricos y por acuerdos reconocidos recíprocamente.
Y precisamente por eso resulta llamativo observar cómo muchas de estas intuiciones reaparecen hoy en el funcionamiento cotidiano de la Unión Europea. Europa no se gobierna mediante imposición unilateral. Europa se gobierna mediante negociación permanente.
En particular, la subsidiariedad supone la........
