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Va por ti, Arantza

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02.03.2026

CON motivo de mi recién 72 cumpleaños el día 21 de diciembre, Santo Tomás, tuve la ocurrencia de publicar en los periódicos del Grupo Noticias y en la sección de Zirrikituetatik Begira una columna en euskera haciendo referencia respecto a cumplir los 72 años mencionados. Se titulaba “72 urte”. Esta es su traducción al castellano, más o menos literal y hecha a botepronto:

“De nuevo. Parece mentira, ha pasado un año, pronto 21 de diciembre, Santo Tomás. Cumplo 72 años. Miro al cielo y cierro los ojos. 72 años, ello significa que ya ha pasado la mayor parte de mi vida. Afortunadamente, gozo de buena salud, pero cada vez me siento más reflexivo con la idea de la muerte. No por mi desaparición física individual, sino porque creo que si no hay nada más, si no somos más que el resultado del azar y la necesidad la vida no tendría sentido. Mucha gente se enorgullece de aceptar la finitud e inconsistencia de la especie humana, pero creo que lo hacen inconscientemente. Si solo fuéramos una especie más, un día todos nuestros logros desaparecerían. No quedaría nada. Shakespeare, Cervantes, Dante, Beethoven y Rafael Sanzio desaparecerían sin dejar rastro. Del mismo modo, Etxepare, Axular, Moguel Andrea, Lehendakaria Agirre, Txirrita, Xenpelar, Xabier Lete, Mikel Laboa, Benito Lertxundi, Karmele Jaio y una larga lista de otros desaparecerían para siempre. Y las víctimas inocentes de la historia no conocerían justicia, ni reparación. La creación, o la abstracción acerca de algún tipo de trascendencia parecería absurda, pero un universo sin la perspectiva de una eternidad situada más allá del tiempo y el espacio sería mucho más absurdo. Creo, pero no sé en qué, ni por qué. Quizás en eso es que llamamos Dios. En un Dios que no es una entidad concreta u objetiva, sino la matriz de la que partimos y a la regresamos. La razón científica no acepta este punto de vista, pero el corazón sí y, como Pascal, prefiero escuchar al corazón, que es más intuitivo y certero que la ciencia, una ciencia que es incapaz de responder a preguntas fundamentales o crear esperanza. Y la esperanza no es una fantasía, sino alimento para el espíritu. Sin ella, solo hay lugar para el sufrimiento, la arbitrariedad y la injusticia. Quiero creer que........

© Deia (Tribuna Abierta)