El nacionalismo español del fútbol estatal
Llevamos 300 años discutiendo lo mismo y le hemos puesto 40 nombres: “problema territorial”, “cuestión nacional”, “procés”, “desafección”, “conflicto”. Pero el fondo es uno: España dice “una e indivisible”; Euskadi y Catalunya dicen “somos nación”. Y en medio estamos 47 millones de personas pagando impuestos, viendo LaLiga y discutiendo en la cena de Navidad si se canta el himno o se pita. Seguimos criticando al Estado español y, dos horas después, celebramos un gol de Nico Williams como si fuera nuestro primo. Esto va de eso. De querer y no querer. De pertenecer y no pertenecer. De jugar con la camiseta que te toca y soñar con la que te gustaría, como le ocurre a gran parte del independentismo vasco y catalán.
Nos conquistaron y lo llamaron unidad. España no es natural; es una construcción a base de decretos, guerras y prohibiciones. Y lo recordamos cada Aberri Eguna o cada Diada. Cataluña, 1714: sitio de Barcelona y Decreto de Nueva Planta (1716). Adiós a las Constitucions, adiós a las instituciones propias, adiós al catalán en la administración y la universidad. La Diada no es una fiesta, es el aniversario de una derrota militar; por eso se conmemora. En Euskadi tenemos Fueros desde la Edad Media. Un pacto: los vascos obedecen al Rey, el Rey respeta las leyes vascas. Eso duró siglos. Hasta 1876: después de las Guerras Carlistas, Cánovas se los carga. Solo quedan Álava, Gipuzkoa, Bizkaia y Navarra con el Concierto Económico. Lo demás, centralizado desde Madrid. Después, el franquismo (1939-1975): 40 años de “España Una, Grande y Libre”. Prohibición del euskera y del catalán en la escuela, en la radio, hasta en las lápidas. Multa por hablar en catalán en una tienda. Cárcel por una ikurriña. Exilio, fusilamientos, miedo. Hay abuelos que lo vivieron y siguen vivos. Por eso, cuando alguien dice “eso ya pasó”, aquí respondemos: “Mi abuelo aún está vivo”. Nos unieron a la fuerza, nos prohibieron ser, y ahora nos piden que estemos agradecidos y que cantemos el himno. Ahí andamos todavía.
Aquí es donde más se grita y donde menos se escucha. Catalunya representa el 19% del PIB español y paga el 21% de los impuestos del Estado, pero recibe el 14% en inversión estatal. El déficit fiscal estimado ronda los 16.000 millones de euros al año. Ese dinero se va a pagar pensiones, infraestructuras y servicios en otras comunidades. “Solidaridad”, dice Madrid. “España nos roba”, se contesta aquí. El argumento independentista es claro: “Si fuéramos........
