Tres países y una prioridad: la ofensiva diplomática de Marco Rubio
LA HABANA.- Entre los funcionarios de la Administración del presidente Donald Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, desempeña un papel de primerísimo orden. Me atrevería incluso a afirmar que es la figura más prominente del Gobierno estadounidense después del propio mandatario.
Rubio nació y creció en Florida, pero, como es sabido, es hijo de padres cubanos. Para muchos hijos de este archipiélago, esa ascendencia constituye un motivo de orgullo, al menos para quienes no estamos ofuscados por las teorías obsoletas y contraproducentes del marxismo-leninismo ni abrazamos el antiyanquismo radical que marcó el rumbo político de Fidel Castro.
Ese sentimiento quedó plasmado tempranamente en la carta que Castro escribió a Celia Sánchez el 5 de junio de 1958, en plena Sierra Maestra. En ella anticipaba que, una vez terminada la guerra contra la dictadura de Fulgencio Batista, comenzaría para él una lucha mucho más larga contra Estados Unidos. De aquel enfrentamiento, convertido después en política de Estado, el pueblo cubano ha sido rehén durante décadas.
La admiración que numerosos cubanos del sector anticastrista sienten por Marco Rubio ha llevado incluso a algunos exaltados a mencionar su nombre como el de un hipotético futuro presidente de Cuba.........
