Los jóvenes del cambio
LA HABANA.- Quizás exista alguno en esa otra dimensión donde habitan los Castro y sus lacayos; pero en la Cuba dura y real, asfixiante y letal, como solo puede serlo la pesadilla en que la convirtieron los comunistas, no abundan los muchachos y muchachas como los de El4tico o de Fuera de la Caja. Quienes han decidido quedarse donde nacieron —aun cuando han demostrado conocerlo a la perfección en todas sus profundas imperfecciones—, y a crecer en edad y pensamiento para construir el país que sueñan.
Que desafían a los represores sin más compromiso que con ellos mismos, con el futuro que intentan arrebatarle y que, en vez de cruzarse de brazos a esperar un milagro, hacen lo que más necesitamos los cubanos: pensar y actuar; estimular el pensamiento y ofrecer con su ejemplo la certeza de que no estamos irremediablemente perdidos como país mientras existan jóvenes como Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, pero también decenas como ellos, actualmente en prisión, en el destierro o bajo acoso policial con el propósito de hacerlos callar.
Lamentablemente, la mayoría de los jóvenes cubanos que aún permanecen en la Isla, como varados en el “sálvese el que pueda”, hoy está pensando en sobrevivir, y la conclusión de esa “lucha” y de ese camino casi siempre termina en la determinación de marcharse definitivamente; en encontrar, como si tratara de un milagro, la oportunidad de escapar y salvarse del horrible destino al que fueron condenados sus padres y abuelos cuando cometieron el error de quedarse y de creer en esos mismos camajanes que hoy, sin cumplir nada de lo que prometieron, continúan prometiendo mejores tiempos y exigiendo aún más sacrificios. Incluso tomando sus vidas por la fuerza, porque así se los permite la ley, escrita y administrada por ellos mismos. Pero, mientras esa fuga no se concreta, los actos de supervivencia adoptan las formas propiciadas por el contexto y las circunstancias adversos.
Están los que, igual pensando en marcharse, se “adaptan” o, mejor dicho, se agazapan; los que se camuflan en y entre las huestes represoras: vividores, arribistas, sádicos, mediocres, pencos (porque el miedo a la represión es otra cosa) y estúpidos. Gente a la........
