Los que eran tibios ya no lo son tanto
LA HABANA.- Hay compatriotas —conozco a varios— que, sin ser precisamente afines al régimen, sino más bien críticos, se muestran sumamente cautos, moderados, tibios a la hora de juzgar y emitir criterios. Y no es solo por miedo, por desconfianza hacia sus interlocutores o por temor a ser escuchados por algún chivato: hay razones más profundas, sembradas en su psiquis tras décadas de bombardeo constante e inmisericorde del discurso oficial.
Alegan que quieren ser objetivos porque —dicen— en ambos bandos se miente, se tergiversa y se manipula. Pero, al final, a la hora de decidir qué creer, terminan concediendo la primacía, con más o menos dudas y reservas, a la versión oficial.
Ya no pueden decir, como antes de que permitieran el acceso a Internet en Cuba, que no disponían de suficiente información porque solo se podía acceder a los medios oficialistas. Ahora, aunque sea cara y mala, los cubanos tenemos Internet en los teléfonos. Sin embargo, muchos aseguran sentirse abrumados por la enorme cantidad de información que circula en las redes, parte de ella falsa.
Aunque siguen con curiosidad lo que publican CubaNet y otros medios independientes o lo que aparece en las redes sociales, les cuesta aceptar que un hecho o una situación haya ocurrido realmente hasta que lo mencionan —aunque sea con días de retraso y escamoteando detalles— en el NTV o en el periódico Granma.
Incluso cuando admiten que el periodismo oficialista es pura propaganda y sirve de poco para estar informado, terminan concediéndole el beneficio de la duda. Algo que no hacen con las redes sociales o las páginas del exilio, de las que desconfían porque consideran que casi siempre exageran o mienten.
De los opositores, si se enteran de su existencia a través del programa Con Filo, no tienen buena opinión. Si se habla del aumento de los crímenes en Cuba, dirán que esos hechos siempre ocurrieron, pero que antes uno no se enteraba porque no existía Facebook. Si ven imágenes de protestas callejeras o de abusos policiales, querrán saber si eso ocurrió anoche o durante las protestas del 11 de julio de 2021.
Asiduos consumidores de programas de Telesur y Russia Today, aceptan sin cuestionamientos la versión rusa de la llamada “operación militar especial” en Ucrania, justifican a Putin, admiran a China, no terminan de comprender lo que ocurre en Venezuela bajo la presidencia de Delcy Rodríguez y ahora mismo creen que los ayatolás iraníes están a punto de derrotar a Estados Unidos e Israel.
Si se habla de muertes de civiles en conflictos bélicos, no dudarán en hablar de masacres o incluso de genocidio siempre que la responsabilidad sea atribuida a Israel o a Estados Unidos. En cambio, prefieren no reparar en las víctimas civiles de los bombardeos rusos contra ciudades ucranianas, en las matanzas perpetradas por Hamás o en los cristianos asesinados por fundamentalistas islámicos en Nigeria.
Los mismos que ahora hablan del derecho internacional y lamentan la muerte del ayatolá no lamentaron las decenas de miles de iraníes asesinados por las fuerzas represivas del régimen teocrático durante las protestas masivas del pasado enero. En todo caso, dirán que no pueden creer que hayan sido tantos los muertos. Como en el NTV apenas hablaron de eso…
Ese despiste los hace sentirse tan seguros como se sintieron alguna vez, hace muchos años, con el magro sustento que les garantizaba el régimen a través de la libreta de abastecimiento.
Eran tiempos de desentenderse, de no buscarse problemas, de simular y sobrevivir. Pero todo cambió y se impuso otra lógica. Solo que —tal vez como mecanismo psicológico de autodefensa para no atormentarse demasiado— no todos están dispuestos a aceptar la realidad tal y como es y prefieren, aunque sea con desgano, seguir tragándose la papilla.
A veces escucho a algunos de los que decían ser comunistas, pero que se desmerengaron a partir del Periodo Especial o, más recientemente, después del reordenamiento económico, quejarse de determinadas políticas o prácticas del régimen para, poco después, sufrir una recaída y retroceder a sus antiguas creencias. Entonces vuelven a justificar lo mismo que criticaban días antes, diciendo que “sin el bloqueo todo sería mejor” y confiando en que los mandamases hagan cambios —esta vez sí— que permitan que todo vuelva a ser “como en la época de Fidel, cuando estas cosas no pasaban”.
Esos no tienen remedio: son los que me molestan y me sacan de quicio. Los otros, los tibios, ya no lo son tanto. Cada vez es menor su tibieza. Y eso es un buen síntoma de sanación.
