«El espía de Franco en La Habana»: de la Crisis de los Misiles a la masacre de la lancha
PUERTO PADRE_ Escritas hace más de medio siglo, las evaluaciones y análisis de situación operativa, de psicología operacional y comparada en la caracterización de sucesos y personas, y en suma, de proyecciones de inteligencia y contrainteligencia realizados a partir de observación e información obtenidos por fuentes humanas de primer nivel, insertadas en el naciente régimen castrocomunista y en Fidel Castro, hacen que los pronósticos desarrollados en los “papeles de Caldevilla”, que son la base y el fundamento del libro El espía de Franco en La Habana, Pablo Alfonso, vengan cumpliéndose rigurosamente.
Y esos pronósticos en el arte operativo, militar y político vienen concretándose inexorablemente hasta el día de hoy, y, para mal, desde que la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos desoyó las señales que mostraban cómo en Las Américas tomaban posesión fuerzas del comunismo internacional, pero que sólo constituirían casus belli (motivos de guerra) con los misiles nucleares soviéticos apuntando desde Cuba hacia las principales ciudades estadounidense.
Pero no podemos perder de vista y así “los papeles de Caldevilla” lo demostraron con suficiente anticipación, _y huelga decir que la oportunidad es primordial en cualquier información_ que antes del emplazamiento de los cohetes nucleares, el primer paso para ejercer influencia en Las Américas se dio en Cuba, y tuvo inicio esa zancada con el pacto secreto Mikoyan-Castro de 1960, y es esa senda, una vía que todavía se resiste a cerrarse, pese a la desaparición de la Unión Soviética. Como lo hemos visto en la última acción fratricida del régimen totalitario, ocurrida el pasado 25 de febrero en aguas de Cayo Falcones, municipio Corralillo, provincia Villa Clara, otrora Las Villas, que fuera teatro de operaciones principal de la guerra civil desarrollada en Cuba entre 1959 y 1965. Y donde ahora, otra vez, han muerto hijos de esta tierra, sí, cuatro cubanos baleados, de forma mortal, mientras otros seis, heridos, _y no sabemos sobre la gravedad de sus heridas_ fueron detenidos y acusados de “terroristas”, del mismo modo que antes, el castrocomunismo con asesoría soviética, realizada por comunistas españoles, llamó “bandidos” a los alzados en armas.
Ágil, a caballo sobre el libro-reportaje, El espía de Franco en La Habana, es un ensayo histórico que se lee como una novela según los cánones del “nuevo periodismo” que nos legara Tom Wolfe, y tengo que admitirlo, para desde mi gruta intentar explorar el ametrallamiento ocurrido en un canalizo próximo a Falcones, en Corralillo, debí releer el libro de Pablo Alfonso, ex preso político, sociólogo, pero sobre todo, veterano periodista, experto en temas cubanos.
Debí releer El espía de Franco en La Habana, esta singular compilación de Pablo Alfonso, porque sólo uno mismo sosteniéndose de los “papeles de Caldevilla”, de Jaime Caldevilla García-Villar, que fuera jefe de la Oficina de Información Diplomática, agregado de Prensa y consejero de Información de la Embajada de España en La Habana entre 1957 y 1966, puede adentrarse en los misterios de esta operación de “terrorismo” denunciada por el régimen totalitario, porque fueron esos “papeles” los informes que por conducto diplomático remitiera al general Francisco Franco, concerniente a sus apreciaciones sobre Fidel Castro y la sovietización de Cuba. Sí, porque sólo a través de esos “papeles”, es posible entrever (no ver del todo) un régimen y un dictador ególatra, disfrazado de apóstol, como lo es el castrocomunista, cuando en realidad es un Estado totalitario que ya por más de 67 años se ha sostenido en el poder gracias a la muerte, el acoso, o el encarcelamiento de sus adversarios políticos y la manipulación de las multitudes mediante la desinformación, la propaganda y la ingeniería social toda.
Y, es que este suceso, la muerte y la aprehensión violenta de 10 cubanos, reportado por medios oficiales del régimen como una acción terrorista, nos recuerdan por la sovietización estalinista que estrangula a Cuba y a los cubanos todavía hoy, una operación de bandera falsa con instigación para delinquir al modo de Lavrenti Beria.
La congruencia “casual” en tiempo y espacio de infiltrados y guardafronteras, hacen presumir el chivatazo, la información secreta y el trabajo operativo previo, indispensables para el apresamiento ocurrido cuando una lancha guardacostas improvisada, no artillada, y tripulada por cinco guardafronteras, _dicen que armados sólo con fusiles de asalto AKM y un fusil-ametrallador ligero, como respuesta a disparos que hirieron a un oficial_ dispararon sobre la embarcación “terrorista”, un bote de pesca de apenas 25 pies.
Pero esos disparos que por sus resultados mortales masivos no nos recuerdan simples fusiles de asalto, sino algo así como abanicos dobles por ráfagas de ametralladoras pesadas, _arma imposible de instalar en una lancha patrullera improvisada_ indican lo útil que sería un peritaje balístico no sólo para comprobar el calibre sino todo lo que esclarece ese informe pericial, y, en detalle, la proporción agresión-respuesta. De los 10 cubanoamericanos que viajaban en la embarcación de Florida, todos, sí todos, 100% fueron impactados, resultando cuatro muertos y seis heridos, un saldo desproporcionado que recuerda la premeditación de una emboscada y no la acción de un combate frontal.
Por sus orígenes, recidivas frecuentes y posibles consecuencias socioeconómicas, sociopolíticas y geopolíticas, nocivas en Las Américas según vimos en Venezuela, y no sólo en Cuba y en Estados Unidos, por la penetración de agentes en todo el panorama político, militar, de inteligencia, económico, sociocultural, mediático, universitario y social, en lugar de reseñar periodísticamente el último libro de Pablo Alfonso, que es la puerta de su siguiente obra, opto por proponer una lectura imprescindible en este contexto que hoy vivimos los cubanos. que es un panorama desolador, de muertes violentas a manos del Estado totalitario, con predominio de hambre, desnutrición crónica, enfermedades víricas que hacen de los contagiados enfermos perennes, y, miserias económicas y morales que pasará a la historia como lo que es, el genocidio de la nación cubana por la egolatría de un caudillo y su generalato, empotrado en un clan de burócratas, renuentes a dejar el poder político remachado en empresas comerciales multimillonarias.
De tal suerte, prefiero sugerir la lectura en lugar de retratar El espía de Franco en La Habana, libro que pueden los lectores encontrar y comprar en Amazon.com, o en el sitio web de esa obra, o comunicándose con el autor a través del teléfono 305 323 3139, y así cada cual y según su credo, se forjará su particular opinión. Opinión, que, antes de forjarse, en el caso de aquellas personas con poderes de decisión gubernativa, debían mirar hacia las históricas negligencias, inexcusables, cometidas por sus predecesores, para ellos mismos, no caer en connivencia criminal.
¡Ojalá así sea! Planteado está el tema. Manos a la obra. ¡Vamos allá!
