Lo que quiero yo, madre cubana
Este año, por primera vez, mi hija me ha escrito una carta de felicitación. Está en primer grado y hace unos días aprendió a leer, a escribir y calcular.
Cuando me enseñó esa hoja un poco arrugada, con tres corazones y fecha del domingo –no pudo aguantarse y me la entregó el jueves– el corazón me dio un brinco. Pero cuando la leí, con sus palabras de letras «comidas», y adiviné el esfuerzo para lograr unas oraciones a su mamá, sentí una emoción que me dejó al borde de la lágrima.
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Ella es mi primogénita, la bebé que gesté con miedo, que parí con esfuerzo y dolor indecibles, aquella de cuya cuna apenas me atrevía a separarme. Y ahora ya escribe cartas.
Solo quien sabe lo que de entrega, asombro y trabajo implica criar y, por ende, ser testigo de la vida de una persona, puede aquilatar el valor de cada logro, y........
