Cuando un amigo se va
Cuando mi padre, también buen periodista como él, quedó inválido, y confinado a un tercer piso sin elevador, fue el único que continuó visitándolo. Y lo hacía cada domingo…
Es por eso, y por mucho más, que la noticia de su fallecimiento este domingo, llegada a mí con retraso, la sentí como un flechazo profundo en mi corazón:
Me parece que era ateo. Pero cada domingo, cuando muchos del barrio, o de otras zonas, iban para la misa en la Iglesia San Juan de Letrán, él actuaba con la disciplina de un padre o un sacerdote que tiene el compromiso de impartir una misa.
En este caso ese compromiso incansable, repito: cada domingo, se lo dictó su noble corazón.
Y lo que hacía ese día era ponerse debajo del brazo un grupo de periódicos extranjeros (en ese momento trabajaba en Comercio Exterior), y llevárselo a mi Papá, para que hiciera sus comentarios de temas internacionales en el periódico Granma, en el cual laboró en dos momentos, y en el que se jubiló.
Si no podía por la mañana lo hacía por la tarde.
Habían sido colegas, y más que ello amigos, durante muchos........
