Entre cubanos: “Ni un sí, ni un no”
Sigo intentando salvarme con la cultura, que si no sana, al menos anestesia, y nos permite escapar por momentos de la desbordante angustia que rodea a los cubanos que residimos en Cuba.
La Sala Teatro Hubert de Blanck sigue presentando obras conocidas por los de mi generación y que los jóvenes de hoy no han disfrutado. Era aquel teatro en que la entrada costaba un peso y luego te ibas a la Maison Potín, o Casa Potín de Línea y Paseo y por 1.20 te merendabas un sándwich de jamón y queso y según tu preferencia una malta de 40 centavos o una cerveza de 0.60.
Pero no era sólo eso, el teatro después de año1959, se convirtió en goce de las clases menos favorecidas debido a la gran apertura cultural que entonces dio acceso a los que ni lo conocían.
Obras sacadas de la cotidianidad, de la vida misma,........
