Colombia, te canto
Toca mirar a Colombia con ojos de retrospectiva para darnos cuenta de cuánta historia nos hacen “olvidar” algunos intelectuales y medios de comunicación, haciendo el juego al plan perverso e imperial de eliminar la memoria de los pueblos, bastión demasiado importante en el que se sustentan la Identidad, la cultura, la tradición.
Usualmente, la encontramos asociada, según algunos medios y redes, a lo dañino, tratando de invisibilizar los aportes de su historia, de su cultura. Y resulta que la lista que Colombia le aporta a América Latina y al mundo es amplia y vigorosa.
Colombia es Julio Flóres, aquel poeta de lo sórdido, traductor impecable de Allan Poe, y es José Asunción Silva, tal vez el más ambicioso poeta colombiano, quien vivió en Caracas y murió a los 31 años dejando sus Nocturnos como legado de amor. Y es Rafael Pombo, el gran fabulador, emparentado con Esopo y Lafontaine, traductor en grande de Virgilio y Byron. Y es La vorágine de José Eustasio Rivera, y es Jorge Isaacs, el escritor que hizo llorar a un continente con la historia de amor de Efrain y María. Y es José María Vargas Vila, el autor leído a escondidas, casi con vergüenza y con amenaza de excomunión, porque, a final de cuentas, Vargas Vila era irreductible antiimperialista y removió a su sociedad con sus radicales posturas y su obra Aura o las violetas.
Colombia es Gabriel García Márquez, quien responde por evolución a estos nombres y a la gratitud de América. Colombia es arquitectura plena y pintura gorda con forma de Botero, y un extraordinario Bolívar desnudo, único en el mundo, y un Zapato viejo como monumento en una plaza, para no olvidar los inicios.
Colombia es el recuerdo y el ejemplo de Gaitán, del padre Camilo Torres, de muchos mártires. Y Colombia es música, mucha música, y de mucho aporte a través de ella.
De las naciones involucradas efectivamente en el hecho musical de la cuenca del Caribe, Colombia fue maltratada y mal tratada. La explicación de este fenómeno puede estar en el cómo se le ve ubicada geográficamente.
Considerada nación suramericana y andina, pareciera que no tuviera una historia común con los pueblos caribeños. Nada está más lejos de la verdad. El ejemplo de Totó la Momposina lo pone de relieve.
Siendo la más grande en extensión de todas las repúblicas del Caribe, puede inferirse la diversidad en su paisaje humano y geográfico. La topografía colombiana determina, como en cualquier pueblo del mundo, un modo de relacionarse con el entorno y una forma de expresión.
Los estudiosos de su cultura suelen analizarla a partir no de sus departamentos (división geopolítica), sino de sus zonas: Andina, Llanuras, Atlántico y Pacífico.
Hay que tomar en cuenta que Colombia posee dependencias federales ubicadas en el Caribe, como las islas de San Andrés y Providencia.
Algunos géneros musicales colombianos logran trascender estas zonas, como es el caso del bambuco, que abarca a más de nueve departamentos de ese país.
El bambuco fue el primer género musical latinoamericano que accedió a un estudio de grabación. No fue el son cubano, como muchos piensan. Y no solo eso: el bambuco ha incidido más de lo que muchos imaginan en el desarrollo de otros géneros musicales igualmente importantes.
El investigador cubano Rodolfo de la Fuente Escalona ha estudiado con detalle la trayectoria caribeña del bambuco. Él y los colombianos Hernán Restrepo Duque, Ofelia Peláez y Fabio Betancourt han aportado datos muy esclarecedores, al igual que los también cubanos Helio Orovio, Argeliers León y Leonardo Acosta.
Por el esfuerzo de todos ellos, sabemos hoy que el bambuco incidió notablemente en el desarrollo de la Trova Madre o trova tradicional cubana y en........
