Lo que no calcularon, nuestra animalización
Bandera cubana. Foto: Archivo.
En medio de esta caótica situación que vivimos, donde la supervivencia prima, y la resiliencia, la inventiva y una resignada forma de aceptar lo inevitable predominan, poco a poco adquirimos propiedades que jamás imaginamos. Quienes nos cercan hasta el límite, nos imponen restricciones crudelísimas, y nos obligan a un permanente estado de vigilia que mina nuestro sistema nervioso central, o sea, todo nuestro cuerpo, no calcularon la naturaleza intrínseca del pueblo cubano: la empecinada fuerza de inventar, de salir a flote, de transformar mecanismos, cosas, hasta entonces incalculables. Esta categoría de resistencia no aparece en ningún manual. Es algo que hemos ido adquiriendo a lo largo de muchos años de carencias y sus consiguientes alternativas.
No voy a comparar un período con otro, esta crisis con la anterior, ni cuánto hemos sacrificado, porque eso debilitaría el actual estado de inmediatez ante lo precario de nuestra existencia.
Si hace medio año nos parecía descomunal no disponer de servicios básicos durante 4 o 6 horas al día (el abasto de agua, la imprescindible electricidad, el gas para cocinar, la conexión telefónica digital o fija), ya hemos llegado al punto de disponer de dichos servicios por una escasa hora cada día, lo cual nos obliga a una animalización paulatina, a unas habilidades que jamás planeamos ni supusimos posibles.
Esto no significa ni de lejos que nos complazca ni........
