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El rey del mapamundi

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27.01.2026

Foto: Archivo.

Franjas del sol de la tarde entraban por la ventana, dibujando rectángulos de luz cálida en la alfombra azul marino del cuarto. En ese trozo iluminado un niño se entretenía con su rompecabezas en forma de mapamundi. Las piezas estaban desperdigadas por el piso del amplio cuarto. En el centro, la América del Norte, perfectamente armada. Sentado con las piernas cruzadas, el pelo rubio revuelto reflejando la luz estaba Donny, un niño de ocho años, con los ojos clavados en las piezas de colores.

Mary Anne, su madre, lo contemplaba desde la puerta con un vaso de jugo en las manos. Advertía la tensión en los hombros del hijo regordete, la rigidez que lo atenazaba siempre que el mundo, con su inmensa injusticia, se atrevía a no plegarse a su voluntad.

-- Donny, ¿jugo? – le ofreció al entrar en su territorio.

-- Después –le respondió el niño sin desviar los ojos de las piezas. –Estoy terminando el mapa del hemisferio occidental.

Mary Anne se sentó en la cama, a una distancia segura del juego desperdigado sobre la gruesa alfombra.

-- ¿Y los demás países?

-- También son míos.

-- Ya entiendo – dijo la madre y se tomó un trago del jugo. – Juanito está abajo. Vino a jugar contigo.

La mención del nombre hizo que Donny arrugara la nariz, como si sintiera el olor de algo en mal estado. Juanito, el vecino moreno de siete años, era un potencial invasor. Su presencia significaba compartir con el hijo de inmigrantes mexicanos. Y compartir era un concepto que Donny consideraba insoportable, una falla grave en la organización del universo.

-- Que juegue con sus cosas. Las mías son mías.

-- Donny, amor, vino aquí para jugar contigo. No trajo sus juguetes. La gracia es que jueguen juntos.

-- Yo juego mejor solo. Nadie desordena, nadie cambia las reglas.

Mary Anne respiró profundo. Ese era el quid de la cuestión: las reglas. Las de su hijo eran absolutas, intocables, y cambiaban a su conveniencia. Las del mundo exterior eran elásticas, enfadosas y aburridamente democráticas.

-- Pero no siempre es bueno jugar solo. A veces, tener una compañía, compartir las ideas…

-- Mis ideas son mejores –la cortó Donny, mirando por fin a su madre. Sus ojos claros brillaban con la convicción absoluta de los........

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