“Magnifica Humanitas”: León XIV y la era de la IA
El Papa León XIV en la firma de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, 15 de mayo de 2026. Foto: Vatican News.
La primera encíclica del pontificado de Prevost aborda los riesgos y las potencialidades de la inteligencia artificial, así como la concentración del poder económico. Además, pide perdón por el papel de la Iglesia en la esclavitud.
El 25 de mayo de 2026 el papa León XIV hizo pública su primera encíclica, titulada Magnifica Humanitas (La magnífica humanidad). El documento se inscribe en la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, de la cual hace una síntesis excelente para responder a los desafíos de la nueva revolución industrial: la era de la inteligencia artificial.
León XIV no condena la tecnología, pero rechaza una visión tecnocrática y poshumanista que reduce a los seres humanos a “meros engranajes de un sistema orientado a una eficiencia cada vez mayor”. El papa denuncia el peligro de “deshumanización” que conlleva tratar de construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un simple medio. Su crítica más incisiva se dirige a la concentración de un “inmenso poder digital en manos de unos pocos actores privados” –las big techs—y a la ideología del transhumanismo, que aspira a una humanidad técnicamente perfeccionada y desencarnada.
León XIV no condena la tecnología, pero rechaza una visión tecnocrática y poshumanista que reduce a los seres humanos a “meros engranajes de un sistema orientado a una eficiencia cada vez mayor”. El papa denuncia el peligro de “deshumanización” que conlleva tratar de construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un simple medio. Su crítica más incisiva se dirige a la concentración de un “inmenso poder digital en manos de unos pocos actores privados” –las big techs—y a la ideología del transhumanismo, que aspira a una humanidad técnicamente perfeccionada y desencarnada.
Para combatir el “síndrome de Babel” –la idolatría del lucro y la uniformidad— el papa propone una alternativa práctica: el “ayuno de IA”. Este ejercicio de desapego digital tiene como objetivo proteger la salud mental y la capacidad de reflexión autónoma, especialmente de los jóvenes, frente a la seducción de las máquinas perfectas.
La encíclica alerta también sobre el uso de la IA en conflictos armados. León XIV afirma que “ningún algoritmo puede hacer justa la guerra” y condena los sistemas de armas autónomas que disminuyen el umbral del uso de la fuerza y reducen las víctimas a meros “daños colaterales”.
León XIV escribe: “No es posible dar una definición unívoca y completa de la IA. Lo que podemos afirmar es que se debe evitar el error de equiparar esta “inteligencia” a la humana. Esos sistemas imitan algunas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, muchas veces la superan en velocidad y capacidad de cálculo, y ofrecen beneficios concretos en numerosos campos. No obstante, ese poder se mantiene vinculado exclusivamente al tratamiento de datos: dichas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no sienten alegría ni dolor, no maduran en las relaciones, no conocen internamente lo que significan el amor, el trabajo, la amistad, la responsabilidad. Ni siquiera poseen una conciencia moral: no distinguen entre el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones, no asumen sobre sí el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos y evaluaciones, simular empatía o comprensión, pero no entienden lo que........
