Sí, somos mejores que vosotros
En octubre del año 37 el emperador Calígula cayó gravemente enfermo. Llevaba siendo emperador poco más de seis meses y era sinceramente apreciado por un pueblo cansado de las persecuciones y la tiranía de su tío Tiberio, por lo que algunas personas llegaron a ofrecer su vida a cambio de la del emperador. O al menos eso dijeron de puertas para afuera, en un acto que hoy calificaríamos de mero postura o de peloteo máximo. Sin embargo, cuando Calígula se recuperó de la enfermedad y se enteró de esto, en vez de otorgarles a los susodichos honores, títulos y riquezas les apremió a que cumplieran con su palabra. Y el resto es historia: Calígula se autoproclamó dios, le declaró la guerra a Neptuno, quiso nombrar cónsul a su caballo y se convirtió en un emperador aún peor que su tío Tiberio, para acabar siendo asesinado un 24 de enero del año 41 tras haber arruinado Roma. Pero las pelotas no pudieron ser testigos de nada de esto porque ya estaban criando malvas por bocachanclas.
Esta anécdota debería haber servido de moraleja y de advertencia sobre las consecuencias de perder la dignidad y arrastrarse ante los tiranos para las generaciones futuras, y sin embargo ahí tenemos a........
