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Joan Sales o la impureza

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17.07.2026

En plena Guerra Civil, Trini Milmany, una mujer de unos 20 años que se ha criado atea en una familia anarquista del Raval, decide bautizarse en una ceremonia clandestina –y harto peligrosa en la Barcelona revolucionaria de 1937–. La verdad es que no sabe muy bien por qué lo hace. Lo que sí tiene claro es que servirá para escandalizar a su madre, con la que nunca se ha llevado bien. Y así es. “I estàs satisfeta, d’haver-te fet carca?”, le espeta la madre cuando su hija le cuenta lo ocurrido. Trini, cruel, tiene el zasca perfecto: “Jo, mamà”, dice, “no sóc tradicionalista com vostè”. El dedo da en la llaga. “¿Tradicionalistas?”, grita la madre, exasperada. “¡Los tradicionalistas son los carlistas!”

La escena ilustra la experiencia lectora de cualquiera que se atreve con Incerta glòria, la monumental novela en la que ocurre, y de la que Joan Sales (1912-1983) publicó una primera versión en catalán en 1956, en pleno franquismo, ocho años después de regresar del exilio. La reacción de la madre de Trini ante lo que ella ve como una conducta incongruente de su hija (¿cómo se le ocurre a una anarquista hacerse católica?), acaba por confrontarla con sus propios prejuicios. De la misma manera, los cuatro jóvenes catalanes que protagonizan la novela de Sales –la Trini; su pareja, el burgués anarquista Lluís; y sus amigos Cruells, seminarista, y Juli Soleràs, nihilista– no paran de desmentir nuestras expectativas y desarreglar nuestros esquemas interpretativos. Al cabo de 500 páginas apabullantes, en que los cuatro intentan sobrevivir a la guerra en el frente aragonés y la retaguardia catalana, es difícil no acabar tan descolocado como la madre de Trini.

Que la novela se publicara en 1956 no significó que Sales dejara de trabajar en ella. La traducción al francés de la editorial Gallimard, de comienzos de los años sesenta (realizada a propuesta de Juan Goytisolo), ya partía de una versión más extensa. Y la primera traducción al castellano –hecha por Carlos Pujol, en colaboración con Sales, en 1971– partió de un original tan crecido que la parte final, ambientada en los años sesenta franquistas, acabaría por publicarse por separado en catalán como El vent de la nit.

Hace una década, Peter Bush tradujo ambas novelas al inglés. Este año, el novelista Gonzalo Torné ha publicado una nueva traducción al castellano del primer volumen. Hablo con los traductores sobre un libro tan potente –atrevido, multivocal, elíptico, desbordante, irreverente– como difícil de clasificar.

¿Cuándo leyeron Incerta glòria por primera vez?

Gonzalo Torné: La descubrí hace unos diez años, yo había escrito una novela parcialmente situada en la guerra. Me había sentido muy solo en mi afán de evitar lo que veía como los dos errores principales en que incurren la gran mayoría de las novelas españolas sobre la guerra. Uno es técnico-literario y consiste en que muchos personajes actúan como si ya supieran cuál va a ser el desenlace de la guerra. El otro es político-moral: en el grueso de la literatura española sobre el tema hay o bien una especie de cainismo ambiental –como si no hubiera una responsabilidad en quien provocó el alzamiento y en cuáles fueron las consecuencias de la guerra– o bien se dan situaciones políticas complejas de las que sí se puede exigir una responsabilidad, pero que se resuelven en una especie de teatrillo sentimental. (“Sí, bueno, mi abuelo era un activo agente de la represión, pero qué simpático era en casa, y cómo cuidaba del perro”.) Ahora bien, estos problemas, que había intentado resolver a mi manera, los encontré resueltos en Sales, y además de forma ejemplar. Incerta glòria es una novela en la que la guerra les pasa por encima a los personajes, que no tienen conciencia de lo que sucederá; y todo se resuelve –o no– en el plano íntimo y político al mismo tiempo.

Incerta glòria es una novela en la que la guerra les pasa por encima a los personajes

Incerta glòria es una novela en la que la guerra les pasa por encima a los personajes

Peter Bush: A mí también me deslumbró cuando la leí por primera vez. Yo llevaba casi una década viviendo en Barcelona y ya había traducido a autores como Quim Monzó y Mercè Rodoreda del catalán, pero se me conocía sobre todo como traductor de Juan Goytisolo. Durante su exilio en París en los........

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