“Los hombres también están atravesados por el machismo”
Dahlia de la Cerda (Aguascalientes, México, 1985) ha trabajado en un call center, en un bar, una fábrica de dulces; ha vendido productos de Avon, rosas negras en la calle y ropa de segunda mano en un mercadillo. Es cofundadora de Morras Help Morras, un colectivo feminista que acompaña abortos con medicamentos en un país donde, en buena parte del territorio, abortar sigue siendo un acto de desobediencia.
Escribe desde lo que llama “los zulos”: no desde un cuarto propio, o la universidad, sino partiendo de la precariedad material o los tiempos muertos del trabajo asalariado, con el ruido de fondo de la lavadora. Esto explica en su libro de ensayos Desde los zulos (Sexto Piso, 2024), donde desarrolla también cuál es el feminismo con el que se identifica: un feminismo de las de abajo, de las trans, de las putas, un feminismo de batalla y desobediencia, inspirado en el feminismo negro que se confronta a un feminismo blanco de clase media y sus pretensiones universalizantes.
Además de este ensayo, ha publicado dos obras más en la misma editorial: el libro de cuentos Perras de reserva (2023) y la novela Medea me cantó un corrido, publicada el año pasado. Sus obras están habitadas por mujeres que enfrentan la precariedad y violencias estructurales en sus múltiples formas. Son sicarias, trabajadoras sexuales o trabajadoras de las maquilas [fábricas] en Ciudad Juárez; son mujeres trans o que abortan de manera ilegal. Habitan un México donde, de media, ocho mujeres son asesinadas cada día y donde el año pasado desaparecieron otras 34 diariamente, una cifra que se suma a las más de 131.000 personas desaparecidas registradas oficialmente.
El estilo en el que narra esta realidad parte de una apuesta muy determinada, ya que privilegia el lenguaje de calle y el argot. ¿Esta apuesta estética es también una apuesta política y una declaración de guerra?
Yo quería que mi libro fuera accesible para todo mundo, porque hablo de temas sociales como feminicidio, desaparición forzada, resistencia desde lugares de precarización, sobre la estigmatización que recae sobre las personas del barrio y la criminalidad. El lenguaje, aunque parezca neutral y universal, de pronto está cifrado o codificado. Por ejemplo, cuando yo he leído traducciones españolas, hay cosas que no entiendo. Puede parecer una estupidez, pero “echar un polvo”, yo no lo entendía como tener sexo. Yo lo entendía como consumir alguna sustancia psicoactiva en forma de polvo. Entonces creo que, en la literatura, el lenguaje muy académico o muy metafórico puede resultar inaccesible para muchas personas. No porque sean estúpidas, sino porque todas las personas tenemos distintas curvas de aprendizaje y en América Latina existe rezago [retraso] educativo, sobre todo en contextos de alta marginación.
En el lenguaje popular también hay belleza
En el lenguaje popular también hay belleza
A mí me parecería inaceptable escribir sobre criminalidad y que una persona privada de libertad que aprendió a leer dentro de la cárcel no pudiera leer un libro mío porque el lenguaje fuera inaccesible para ella. También me interesa dejar un registro histórico de cómo se hablaba en México entre 2020 y 2025, especialmente en 2024, cuando muchos de los grandes aportes al lenguaje barrial y al lenguaje de calle vinieron de trabajadoras sexuales trans. Y además porque el lenguaje de barrio siempre ha sido motivo de burla. La gente se burla de cómo hablas, de cómo conjugas los verbos, de si hablas “correctamente” o no. Yo lo que quiero es reivindicar que en el lenguaje popular también hay belleza.
¿Cómo dialoga su obra con la violencia estructural que viven las mujeres pobres, racializadas y precarizadas en México?
Es imposible hablar de feminicidio y violencia sin hablar de clase y racialización, porque........
