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“El ataque contra las personas trans apunta a un proyecto potencialmente genocida”

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06.08.2026

Judith Butler es una de las académicas y filósofas más destacadas del mundo en cuestiones de género, sexualidad y los fenómenos culturales que los rodean. Es autora del emblemático libro de 1990 Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity y, más recientemente, de la obra que le siguió en 2024, Who’s Afraid of Gender? Butler se reunió con el redactor jefe de Current Affairs, Nathan J. Robinson, para hablar de cómo personas de todo el mundo –en su mayoría conservadoras, aunque también algunas que se consideran de izquierdas– han llegado a sentir miedo y enfado ante lo que denominan “ideología de género”, por qué están equivocadas y qué se podría hacer al respecto. 

Quiero empezar con una cita de su último libro, ¿Quién teme al género?, en la que dice:

“Al menos en Estados Unidos, el género ya no es una casilla trivial que hay que marcar en los formularios oficiales, y desde luego no es una de esas disciplinas académicas oscuras sin repercusión en el mundo en general. Al contrario: se ha convertido en un fantasma con poderes destructivos, una forma de aglutinar y avivar multitud de pánicos modernos”.

¿Podría explicar con más detalle a qué se refiere con eso?

En primer lugar, tengo que decir que no me considero la principal filósofa del género, ni me considero a mí misma ni a mi obra responsable de lo que el discurso popular denomina “ideología de género”. Mi impresión es que la ideología de género no existe. Es una forma de resumir un campo complejo, un conjunto de políticas sociales y decisiones jurídicas. Es una forma abreviada que no logra explicar realmente lo que está en juego, pero que además crea algo así como un enemigo imaginario, o una especie de unidad ficticia que genera mucha ansiedad y miedo –además de cierta fascinación y confusión–. Y si analizo la forma en que se hace referencia al género en los medios de comunicación y en el discurso público, parece abarcar toda una serie de cuestiones, entre ellas los derechos reproductivos, la igualdad de las personas transgénero o de las mujeres, cómo abordar el deporte, cuestiones de igualdad, diversidad e inclusión, y las interpretaciones psicológicas de lo que les ocurre a los niños y a las niñas a medida que crecen y llegan a comprenderse a sí mismos.

Hay tantos temas diferentes que se agrupan bajo un mismo término, y supongo que la palabra “fantasma” sugiere que existe una especie de imagen onírica o una construcción fantasmática que se ha arraigado en la mente de las personas, y que se denomina género. Pero, en realidad, el género es muy complejo. La gente lleva mucho tiempo estudiándolo y existen puntos de vista contradictorios. Y si adoptáramos un enfoque más sobrio e intelectual –un enfoque académico– respecto a este tema, encontraríamos allí muchas corrientes diferentes, conflictos y aspectos interesantes.

Estoy seguro de que conoce el caso que se produjo recientemente tras la publicación de su libro, el del profesor [Martin Peterson, de la Universidad Texas A&M, al que se le prohibió impartir una parte de El banquete de Platón porque infringía la norma de Texas que prohíbe enseñar la “ideología de género”. Y creo que es un ejemplo muy interesante de cómo la derecha parece tener muy claro lo que significa prohibir la “ideología de género”, pero luego, a la hora de aplicarlo realmente, no estoy seguro de que muchos de ellos sepan, en realidad, qué entienden exactamente por “ideología de género”. Cuando escribió este libro, ¿llegó a comprender mejor qué se entiende por prohibir la “ideología de género”?

Por desgracia, cuando la derecha utiliza el término “ideología”, tiende a pensar en una postura dogmática impuesta por algunas personas en posiciones de poder, por profesores o mediante políticas sociales, y atribuye al género una función ideológica, con lo que se refieren tanto a algo dogmático como a algo manipulado, falseado. Así pues, frente a lo dogmático, dicen que deberíamos mantener un debate abierto y libre –que incluya los puntos de vista conservadores– sobre la familia y el género. Frente a la falsificación, piensan que deberíamos basar todas nuestras opiniones en hechos biológicos, aunque a veces afirman que deberíamos basarnos en la doctrina cristiana. Por lo tanto, existe cierta tensión en este sentido. Y hay diferentes variantes del movimiento contra la ideología de género en todo el mundo. Así pues, lo que encontramos en Taiwán no es lo mismo que lo que encontramos en Uganda, por ejemplo. Sin embargo, en el caso de la censura a Platón, lo que realmente están haciendo es tomar una decisión doctrinaria. Están imponiendo una doctrina que dice que no se debe mantener un debate abierto sobre el amor y la homosexualidad, lo cual es una característica de la relación de Sócrates con algunos de sus interlocutores, y no una representación explícitamente sexual, pero sin duda es una representación del amor entre hombres. Ahora bien, en la Grecia clásica, aceptamos que eso formaba parte de lo que ocurría. No necesitamos negarlo. No hace falta negarlo. Y si lo negamos o lo rechazamos, somos nosotros, o son ellos, quienes actuamos de forma dogmática y doctrinaria. Así pues, la ironía radica en que el género se entiende como una doctrina dogmática, y la forma en que se prohíbe sugiere sin duda que quienes imponen la prohibición actúan de manera dogmática y doctrinaria.

Ahora bien, gran parte de su libro se centra en desentrañar o intentar comprender las razones por las que el género, o la “ideología de género”, ha llegado a cobrar tanta importancia para estas personas y el motivo de su miedo. Pero creo que muchos de ellos, si se les preguntara, empezarían diciendo: “Bueno, antes de plantear esa pregunta, tienes que demostrar que estamos equivocados y que nuestros argumentos son falsos”. Y, desde luego, estaba leyendo la reseña muy crítica de Kathleen Stock sobre su libro, y lo que ella decía era, en esencia: “¿Cómo te atreves a psicoanalizarnos en lugar de refutarnos?”. Si intentáramos articular cuál sería su postura, ellos dirían: “Defendemos que existe una visión del género como algo subjetivo que conduce a todo tipo de perjuicios y a la creencia de que cualquiera puede cambiar de género a su antojo”. Citó casos de niños a los que se les administran bloqueadores de la pubertad, de mujeres trans que compiten en deportes femeninos y de mujeres trans a las que se les permite compartir celdas con mujeres cisgénero, etc., todo ello como resultado de una visión que, en esencia, considera el género como algo subjetivo, una visión que es errónea y una negación de la realidad. Entonces, ¿cómo respondería, en primer lugar, a esa afirmación?

“El género no es subjetivo, es un factor que actúa en la distribución de la riqueza o en la división del trabajo”

“El género no es subjetivo, es un factor que actúa en la distribución de la riqueza o en la división del trabajo”

En primer lugar, el género no es subjetivo, por lo que esa afirmación es incorrecta. Ahora bien, si tuviera que responder a esa pregunta, tendría que dar por cierto que su afirmación es cierta, pero no puedo hacerlo sin falsear mi postura. Así pues, en primer lugar, el género es un marco conceptual que se ha desarrollado a través de las ciencias sociales. Un marco conceptual no es subjetivo. Un marco es una forma de estructurar el conocimiento y un modo de investigación. En la medida en que hablamos de las normas de género en el mundo, nos preguntamos cómo se divide el trabajo según el género: ¿qué producen las mujeres, en contraposición a lo que producen los hombres? Estamos hablando del género como una diferencia de poder. Y creo que podemos decir que........

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