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Venezuela después de Maduro

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08.06.2026

Venezuela se ha librado de Nicolás Maduro. Quienes nacimos allí y vimos durante años el desmoronamiento del país sabemos cuánto cuesta decirla sin matices: alivio, atravesado por la desconfianza sobre lo que viene. El chavismo en su deriva final era ya indefendible. Lo había denunciado el propio Partido Comunista de Venezuela por “persecución y criminalización del movimiento obrero”, y cargaba con un éxodo de siete millones de personas, una emergencia humanitaria sin precedentes y una elección presidencial desconocida en 2024 con las actas en la mano. Esos no eran reproches de la derecha internacional: eran datos. La izquierda internacional que tardó en aceptarlos tendrá que ajustar cuentas con su propia ceguera. Pero quienes hoy celebramos la caída tenemos pendiente otra autocrítica, más urgente: la del horizonte que se abre.

Maduro no cayó por una insurrección popular ni por una negociación entre venezolanos. Cayó tras una operación militar de Estados Unidos. La madrugada del 3 de enero de 2026, unas ciento cincuenta aeronaves estadounidenses despegaron de veinte bases del hemisferio occidental, bombardearon instalaciones venezolanas y un equipo de extracción se llevó en helicóptero al presidente y a su esposa. Sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Sin autorización del Congreso estadounidense. Con un anuncio explícito, en cambio, ante las cámaras: Estados Unidos “administraría” Venezuela en lo sucesivo y estaría “muy implicado” en la explotación de su petróleo.

Que el régimen depuesto fuese autoritario y corrupto no convierte el acto en legítimo

Que el régimen depuesto fuese autoritario y corrupto no convierte el acto en legítimo

El término “Doctrina Donroe” lo bendijo el propio Trump pocas horas después de la operación. “Ahora la llaman así”, dijo, complacido. Lo consagró la portada de The New York Post del 8 de enero. No es etiqueta crítica desde fuera: es autodescripción asumida desde la Casa Blanca. La nostalgia hemisférica no es metáfora. Es programa. José Martí, en 1891 y contra el imperio que apenas asomaba, dejó dicho lo esencial en Nuestra América: el continente habría de gobernarse por sí mismo o no se gobernaría. La frase vuelve, ciento treinta y cinco años después, a doler en su literalidad.

Que el régimen depuesto fuese autoritario y corrupto no convierte el acto en legítimo. La legitimidad de un cambio de régimen no se mide solo por la ruindad de lo que se depone, sino también por quién lo depone, cómo y para qué. Las respuestas no admiten eufemismos: una potencia extranjera, en una operación militar unilateral, en función de intereses que su propio presidente declara petroleros antes que democráticos. Es exactamente el escenario que el chavismo profetizó durante dos décadas y que, durante dos décadas, se despachó como propaganda. Llegó tarde, pero llegó. Y entrega al chavismo póstumo, y a sus epígonos continentales, la coartada histórica que no habían sabido fabricarse solos.

Sería un error político y también histórico, que la izquierda democrática europea minimizara este hecho. No se trata, hay que repetirlo, de defender a Maduro. Es indefensible. Se trata de no aceptar que la ilegalidad de un régimen autorice la ilegalidad de su derrocamiento ni la rapacidad de la tutela que lo prolonga; ni que el sufrimiento de un pueblo se convierta en patente de corso para reabrir, en pleno siglo XXI, la doctrina que justificó intervenciones, dictaduras y desapariciones en toda América Latina durante el siglo XX. Se trata, también, de defender lo único defendible: la autodeterminación democrática de los venezolanos y la soberanía sobre los recursos del país. Quienes hoy aplauden el 3 de enero deberían preguntarse si aplaudirán igual cuando la misma lógica se aplique a otro país, con otro pretexto, en otro momento. La Doctrina Monroe nunca fue selectiva con sus víctimas.

Llegado este punto entra el segundo problema: el papel de María Corina Machado en la transición que se abre.

Machado sostuvo un movimiento opositor en condiciones diseñadas para hacer imposible toda oposición: con inhabilitación política encima,........

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