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Sobre los contrarios

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16.02.2026

Por lo que se sabe hoy, Homero –o alguien al que se le dio ese nombre, por lo demás, un autor analfabeto que no trabajaba con la escritura, sino con la memoria– creó La Ilíada, en el siglo VIII aC, sobre una trama que, se supone, transcurría en el siglo XIII aC. En el mismo siglo VIII, cuando Homero ya era anciano, ese autor, tal vez natural de la isla de Quíos –por un tiempo, en esa isla se le dio honor a Homero a través de una hipotética tumba–, dictó su texto a una persona ya alfabetizada, posiblemente un descendiente suyo. Su familia, sus descendientes, sus asociados, los Homéridas, obtuvieron beneficios por la difusión y el recitado de ese texto. El texto, de hecho, es una locura. Un antes y un después en la humanidad. Supera, en calidad, en complejidad, en perplejidad, los anteriores textos conocidos. Supone el inicio de una manera de narrar, de distribuir la información, de pensar, que prosigue hoy, incluso cuando ya nadie lee La Ilíada, incluso cuando las sociedades ya emiten síntomas de no leer –no es particularmente grave; sucede periódicamente; los fines del mundo no existen; cuando, finalmente, exista un fin del mundo, por definición no podrá existir, al carecer de testigos–. El texto, a su vez, nos ha llegado a partir de otros textos alineados, como siempre. Hubo un texto, perdido, anotado por Aristóteles y leído diariamente por Alejandro. En los siglos III-II aC, en Alejandría, Zenódoto de Éfeso y Aristarco de Samotracia hacen un trabajo filológico fabuloso en sus ediciones de la obra,........

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