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Lo del robobo de la jojoya

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1- Se va extendiendo la percepción de que Trump ha perdido en Irán. Lo que es importante. Si bien la política no es ajedrez. O, mejor, es ajedrez jugado con los puños. Curiosamente la guerra, esa brutalidad absoluta, dispone de la originalidad de que, en alguna instancia y momento, es cálculo y previsión de jugadas, puro ajedrez. Lo que convierte a la guerra en un punto en el que se puede evaluar la inteligencia de un jugador. Esto es, de un Estado. Trump, y algo más amplio que Trump –su Estado; algo más sólido y estructural que, o no está en forma, o decidió no ejercer su inteligencia militar ante Trump; es decir, no está en forma–, ¿tiene, como se ha visto en su lamentable actuación en Irán, la inteligencia mermada? ¿El trumpismo y, con él, EEUU, está en decadencia perceptible e inapelable? La respuesta nos la da Einstein que, mucho antes del trumpismo, calificó a Trump como genio. No se pierdan lo que dijo al respecto. Hola. Martínez. Bienvenidos a este análisis que, como siempre, irá del afuera hacia el adentro, esas dos simetrías.

2- La sentencia de Einstein empieza con un “Todos somos genios”. Einstein, como ven, le da a Trump un aprobado general como genio. Pero prosigan, que la sentencia continúa con un: “Pero si juzgan a un pez por su habilidad para trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido”.

3- En Irán, Trump ha sido un pez trepando por un pino. Lo que es un serio indicio, en efecto, de inapelable decadencia, inseparable, como su nombre indica. Pero, ojo, ese pez que lleva a la decadencia efectiva a su Estado, cuando está en su elemento –lo que sería el agua para un pez– brilla con luz propia. ¿Cuál es el elemento del trumpismo, aquello en lo que brilla como un pez de colores, esos bichos que suelen durar tan poco tiempo?

4- La inteligencia del trumpismo –y, me temo, de las nuevas extremas derechas–, su genialidad, son, propiamente, dos. A saber: a) la capacidad para camuflarse, es decir, para crear confusión. Una confusión descomunal, que permite ver y evaluar, apenas, lo que la nueva derecha explicita –la cosa America First, que es la cosa Prioridad/Prioritat Nacional, que es la cosa supremacismo, vamos–, que emite como programa, alimento y electricidad para las ex clases medias, y la cosa desregulación, lo que viene siendo el pelotazo, que ofrece a las clases altas–. La confusión creada, barroca, apasionada, literalmente inenarrable, con la cosa a) no impide ver la cosa b) lo que pasa tras todo ese ruido, pero sí que impide experimentar en el alma su gravedad. La cosa b) es la capacidad extractiva de los trumpismos. El mangue, vamos.

En Irán, Trump ha sido un pez trepando por un pino

En Irán, Trump ha sido un pez trepando por un pino

5- El trumpismo no es una novedad, sino que su novedad, revolucionaria, consiste en asumir la realidad del neoliberalismo y retirarle sus eufemismos, su lenguaje políticamente correcto, su pátina, amable y a veces social, de Tercera Vía. E ir al turrón. El turrón es acceder al Estado, ese ente regulatorio –el neoliberalismo precisa de un Estado desregulador tan potente que eso le convierte en el Estado más regulador desde la URSS; para muestra del carácter ultrarregulador del Estado no regulador, un botón: el IBEX español, ese fenómeno, está integrado casi exclusivamente por empresas reguladas; no Estado, no negociete–.

6- Poseer los resortes de la regulación y poseer, por el mismo precio, los de las FFSS y los de la Justicia –esto último en EEUU, snif, de manera menos severa que en España, por cierto–, no es excepcional, sino que ya es un oficio como cualquier otro. En la prensa de EEUU se especula así, por ejemplo, con que el pack Trump ha levantado, desde que accedió a la pomada, casi 4.000 M€. Lo que puede ser poco, si pensamos que sólo con sus criptomonedas ha levantado casi 3.000 M€ a los criptobros pobres, que creían que Trump les ofrecía un pelotazo cuando –lo dicho, son pobres– solo les ofrecía Prioridad Nacional.

7- Al pez Trump, que le va fatal escalar árboles en Irán, no le va nada mal en su charca. Sellos y pruebas de que no le va nada mal: los mercados no piden su cabeza, pero tampoco los Estados. Es decir, a diferencia de Netanyahu, Trump no solo puede viajar tranquilamente por el mundo, sino que no existe la percepción de que exista una percepción de que Trump pague, a corto plazo, su política históricamente agresiva contra los DD.HH. Por lo demás, no le va mal en Sudamérica –lo de........

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