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Lo del Papa. Lo de la encíclica

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05.06.2026

1- Cuentan que en una recepción, durante el franquismo unplugged, el nuncio en Madrid, interesándose por un joven clérigo ambicioso y prometedor, ponderó su formación y estilo, para acabar formulando una pregunta, para él definitiva en el trance de apoyar o descartar la trayectoria de aquel joven clérigo en el futuro. Esta fue la pregunta. Agárrense. “Este joven… ¿cree o está en el secreto?”.

2- Los profesionales de la religión, ¿creen o están en el secreto? Nunca lo sabremos. Es más, es irrelevante, en tanto eso es algo que solo afecta al fuero interno del profesional en cuestión. En ese sentido, esos profesionales no se diferencian de los políticos, esos otros emprendedores que, o bien creen, parten de un programa o de una ideología, o bien están en el secreto, ambas actitudes que jamás, en verdad, podremos discernir. Quizás la única diferencia entre un cuadro religioso y un cuadro político se produce en el punto preciso en el que transcurren. El lenguaje. Hay otra diferencia que sucede en otra parte, claro. En el punto 3.

3- Tanto la política como la religión transcurren, además de en el lenguaje, en el tiempo. Es decir, tienen, ocupan, disfrutan de un referente de tiempo que creen eterno. Que, por otra parte, suele consistir en un periodo de solo 25-40 años, que es el tiempo que puede constatar y comprender un ser humano antes de dejar de comprender su/el tiempo. La vida, en fin, no solo es un tiempo limitado, sino, más aún, snif, una capacidad limitada de comprender ese tiempo limitado. La verdad, la mentira, la prioridad, la anécdota, la misma idea de época, varía cada tres o cuatro décadas. Quien crea que, por ejemplo, la Iglesia es eterna e inamovible, probablemente se equivoca, pues la Iglesia, como todo y a pesar de ella misma, transcurre en ese tiempo universal de 25-40 años, tras el cual el tiempo se hunde, hundiéndose con él todo lo creado en ese tiempo. Pero, para acabar de liarla, la Iglesia, como todo el mundo, también transcurre, lo dicho, en el lenguaje. Que es a lo que iba, brrrr.

El lenguaje de la Iglesia tiende a aplazar significados más que, en ocasiones, a establecerlos

El lenguaje de la Iglesia tiende a aplazar significados más que, en ocasiones, a establecerlos

4- El lenguaje de la Iglesia es único –bueno, no tanto; poseen esa característica todas las religiones institucionalizadas–, en tanto pretende, por exigencias del guion, una duración mayor a la humana. Por eso mismo el lenguaje de la Iglesia tiende a aplazar significados más que, en ocasiones, a establecerlos. En ese sentido, el lenguaje de la Iglesia es el modelo, el anhelo del lenguaje de sus parvenus, los monarcas, esos otros sujetos que también aspiran a ser eternos, para lo cual deben no crear significados de manera continua. Es decir, deben borrar el máximo de significados que van creando. El discurso del rey del 3-O de 2017, por ejemplo, resultó radicalmente desestabilizador, violento y fuera de lugar, si bien lo lees ahora, sin un criterio filológico –la filología tan solo es la disciplina que intenta establecer el significado original de un texto–, y la sensación es que se trata de un discurso vacuo, normalito, aburrido. Pues bien, eso, tan espectacular, llamativo y operativo, es lenguaje político. Es decir, tan solo es la sombra de la sombra del lenguaje religioso, esa vocación de permanencia en un mundo no permanente.

5- Si aún dudan, a estas alturas del punto 5, sobre el carácter mutable, en continua transformación, en continuo contacto con la época, de la Iglesia, les paso dos testimonios gráficos que así lo demuestran en, tan solo, un vistazo. Uno es la fotografía conservada más antigua de un papa –Pío IX, el papa que a) no entendió la Reunificación Italiana, si bien b) fue inspirador de un portentoso postre granadino, el pionono–. Si se fijan, está en el posado típico de un óleo. El papa se comporta como ante un óleo del siglo XVI, pero en realidad está ante una cámara del XIX, ante su época. El otro testimonio, espectacular, es la imagen en movimiento más antigua de un papa –y no solo eso: es la imagen en movimiento del hombre más antigua que se posee; se trata de un hombre nacido en 1810, más conocido como León XIII y que en breve aparecerá mucho en este análisis–. Como pueden ver en ese film, el papa no es eterno, no pertenece, por ejemplo, a la Edad Media, sino a su época. Podría ser el rey de cualquier otra corte gagá del momento. El zar, el káiser, el rey de Inglaterra, el de España. Por lo mismo, ahora que lo pienso, el papa actual no debe de estar alejado, en sus formas, aspecto, agenda, de cualquier otra presidencia o monarquía mundial actual.

6- El papa, León XIV, que detenta un lenguaje........

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