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Lo de Pujol. Lo de la financiación. Lo de Aliança

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friday

1- En 1917 todo cambió. Woodrow Wilson, inesperado e improbable presidente demócrata de EEUU desde 1913, consiguió materializar ese año la más cara y costosa fantasía de cualquier político: provocar un cambio cognitivo en las mentalidades de los ciudadanos. Es importante saber, por eso mismo, que el primer éxito propagandístico apabullante, por K.O., del siglo XX, no fue ni bolchevique, ni fascista, ni nazi, sino anterior, de los demócratas. Rememorémoslo, hermanos. La sociedad era contraria, en aquel momento a a) ir a la guerra en Europa. De hecho, Wilson, conocedor de ese hecho, b) ganó las elecciones con la promesa más absoluta de no participar en esa carnicería, cuando se iniciara. Pero, desde que empezó la guerra, Wilson inició a su vez, zas, una c) campaña de propaganda, como nunca se había visto, a favor de la intervención. Lo hizo, por cierto –qué tiempos– con carteles y, en menor medida, con películas –breves, de apenas segundos; el uso propagandístico del cine ya no era una novedad por entonces; las primeras pelis de propaganda a palo seco son, agárrense, del XIX; se trata de pelis norteamericanas que aluden a la Guerra de Cuba; mi favorita es de 1889 y consiste en un plano fijo en el que se ve cómo, en el Morro de La Habana, se arría la bandera española y se iza la de EEUU; punto pelota; la película, fake como una casa, fue realizada en EEUU, en un decorado de cartón piedra; aun así, la parroquia debería vibrar al verla, como hoy cuando ve un tiktok en el que, también en apenas unos segundos, se nos demuestra científicamente que no hay vivienda pública porque se la queda toda un inmigrante; rayos, otra vez he hecho un paréntesis largo; cada vez me gustan más; en la vida, como en los artículos, todo pasa en los paréntesis; bueno, no se asusten, pero vamos a volver al cuerpo del artículo; recuerden: hablábamos de la campaña proguerra de Wilson–. Aquellas películas cortas y, más aún, aquellos miles y miles de carteles proguerra europea, fueron magníficos. Caros, bellos, emocionantes, bien hechos, estaban sustentados no en el patriotismo –como en Europa, esa vieja chocha–, sino en la piedad y en la empatía, y se centraban en la violación, por parte de soldados alemanes, de mujeres polacas, belgas y –más aún– serbias. En 1917, con toda la sociedad aplaudiendo con las orejas a Wilson, EEUU, finalmente, entra en la Guerra de Europa. Y no solo eso, sino que la decanta y finaliza. Y, con ello, se inicia una época que, si se fijan, murió hace tiempo, si bien solo ahora la enterramos. Las épocas, en fin, se entierran mucho más tarde respecto de su muerte, de manera que, en ese trance, ya huelen, como es el caso. 

2- Es decir, la entrada de EEUU en la Guerra de Europa –una carnicería de carne también americana; descomunal, hasta ser determinante en la cultura y el arte, en la percepción norteamericana– estuvo sustentada en una mentira. Pero el escándalo no es ese. Lo escandaloso es que no fue una mentira, sino que fueron dos. La segunda mentira es esta. Ahí va. Aparten a los niños. La Bolsa de New York había vendido, mayoritariamente, bonos de guerra de las potencias aliadas. Y, en 1917, los alemanes, una vez archivado el frente ruso, estaban, otra vez, a las puertas de París. Había que hacer algo para evitarlo. Y Wilson lo facilitó con sus cartelitos. Si la Bolsa hubiera vendido más bonos de las potencias centrales, otro gallo hubiera cantado. Es decir, hubiera cantado el mismo gallo, pero en otro bando.  

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3- Vamos, y a eso iba, que no hay guerra en el mundo sin a) la firme decisión para ella de un poder político, que no duda en emplear para ello, si es necesario, la propaganda –que Chomsky califica como violencia de Estado; es decir, lo que queda de la violencia de Estado en democracia; o, para adaptar esa cita a la época, lo que queda de la violencia de Estado en lo que queda de democracia–, y sin b) un poder económico que se sume a la fiesta, de manera más silenciosa, si bien apremiante y con objetivo claro, en absoluto abstracto. Como supondrán, a) y b) nunca hablan claro. Es posible que tampoco entre sí. En todo caso, estos días de drôle de guerre, de guerra rara, difícil de ver, analizar y describir, se ve el esfuerzo de Trump para que a) y b) se produzcan, a contracorriente, sin ganas ni razones. Y no le funciona. El poder económico planetario no está satisfecho con esta guerra. Mucho menos en Oriente Medio, el principal inversor en tecnología de EEUU. Arabia Saudí, y Kuwait, aliadísimos de EEUU, empiezan a........

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