Lo de la mayoría nacional
1- Estos mundiales estoy fascinado por un jugador que se llama Olise, obscenamente joven, de unos 24 años y que, como Cruyff, están en todas las partes del campo que mires. Mi fascinación obedece a dos razones. Es un tipo con a) una lectura innata del fútbol total. Lo que es una cita de mis fantasías infantiles –no hay, ahora que lo pienso, otras fantasías, salvo las infantiles; la fantasía es volver a la infancia, en ocasiones, tengo entendido, vestido de enfermera y con un látigo, lo que tiene poco que ver, en principio, con la infancia–. La segunda razón de mi fascinación es aún más épica y mixed emotions. A saber: b) Olise juega en Francia porque así lo ha querido. Es decir, podría haber formado parte, por su condición de hijo de la Inmigración Universal, de otras tres posibles selecciones, africanas y europeas –ojo: la Inmigración Universal, precaria, con hambre atrasada no solo de gol, es la que provee de genios al grueso de selecciones de este mundial; el fútbol, como el mundo, parece que carece de clase media–. Lo que dibuja un poco lo que está pasando. Está pasando una –otra– ola de nacionalismo y estatalismo, sumamente gore, en todo el mundo, que arrasa con todo y rompe las sociedades. Y, junto a ella, sucede todo lo contrario. Cierto relativismo ante la identidad, el nacimiento de una identidad múltiple y tranqui, que se formaliza, cuando obligan al individuo a formalizarse, de manera sorprendente y en beneficio propio, como se puede leer en estos mundiales. Ahí está, por ejemplo, Olise, una persona con serios problemas para hablar francés jugando por/en Francia –y, hasta cierto punto, liderando a esa selección increíble, que podría ser campeona del mundo–. Pero en los mismos mundiales está la selección de Portugal, con cuatro jugadores no nacidos en Portugal, la de Costa de Marfil, con ocho, la de Argelia, con dieciséis, o la de Marruecos, con diecisiete. Bajo la apisonadora de la tríada del autoritarismo, verticalismo y nacionalismo, parece que se está gestando, como siempre por lo bajini y como puede, la próxima época. Muy laxa y libre. Y espectacular. Como Olise.
2- El afuera nos depara, esta semana, otra metáfora chachi. En EEUU, el TS ha protagonizado una Semana Fantástica. A saber: ha dictaminado que nacer en EEUU sigue siendo, a pesar de Trump, un acceso directo a la ciudadanía de EEUU. Pero el festival no acaba aquí. En otra sentencia, el TS, que ha reconocido a Trump la potestad de nombrar y eliminar, a su gusto, a cargos reguladores, niega, no obstante, la posibilidad de que Trump se pele a la gobernadora de la Reserva Federal. También ha negado a Trump la posibilidad de que se revoque una sentencia que el presidente recibió en su día y que le condenaba a pagar 5M$ a una señora de la que abusó sexualmente en un lavabo. Trump, ese poeta.
El golpe judicial en EEUU va por barrios y por horas
El golpe judicial en EEUU va por barrios y por horas
3- Como ven, el golpe judicial en EEUU va por barrios y por horas. En la justicia estatal y en la federal se suceden sentencias variadas y contradictorias, con cierta tendencia a primar la voluntad y los rasgos del trumpismo, si bien es en el TS donde, a pesar de satisfacer periódicamente la voluntad de Trump, la resistencia es mayor. Quizás la razón es que en ese tribunal, de mayoría conservadora, prima aún la formación de sus integrantes y su prestigio, esa valoración personal que debe ser limpiada y reelaborada continuamente. Los miembros del TS de EEUU, al menos por ahora, no quieren desprenderse de un patrimonio también personal: su reputación, su consideración, su respeto. Incluso, su honra. Se trata de una frontera........
