Lo de la cárcel de dos velocidades
1- El pasado 6S, AfD ganaba con el 44% en Sajonia-Anhalt. Lo que sería un antes y un después si no fuera un después. Es decir, la victoria, su materialización a través de un programa de gobierno cuyo límite hoy se desconoce, la nueva situación que todo ello supone, se visualizó unos días antes, el 2S, momento en el que se produjo una photofinish de la época, a través de un fenómeno plástico importantísimo. Ese día, en Estrasburgo se producía una manifestación más por lo de Ceuta, en la que participaron 200 personas, pero que agrupó, en su armonía y cosmovisión, a eurodiputados y asesores del PP y de Vox, pero también de AfD, de Fratelli d’Italia y, ojo, del PPE. Todos, en modo festivo. Esa mani-de-frikis-que-dejaron-de-serlo, explica lo que está pasando, lo que pasará, de una forma u otra, en Sajonia-Anhalt y, todo apunta a ello, en Alemania. Lo que se intentará que pase en toda Europa. Está pasando algo en el mundo, y ese algo consiste en algo sutil. No es el abandono por parte de las derechas clásicas del liberalismo –eso, snif, ya pasó; el trumpismo selló esa época–, sino una consecuencia de ello a la que aún no le hemos puesto nombre y que intento formular en el punto 2–.
2- Las derechas clásicas crearon un sistema en 1945 que integraba a la socialdemocracia. Olvidar la revolución y aceptar el bienestar supuso grandes cambios de mentalidad en las izquierdas. Pero también en las derechas. Fabulosos. Nada despreciables. Inusitados. El principal: por primera vez, se dice rápido, derechas e izquierdas compartían un sistema. Se dice rápido. Pues bien, la mani de Estrasburgo ilustra el fin de esa época. Explica en qué puede consistir la victoria de AfD en Sajonia-Anhalt, en qué puede consistir su victoria federal, la posible victoria en Francia de RN, la victoria en España de los manifestantes de Estrasburgo… Se trata de la expulsión de la socialdemocracia –de cualquier cosmovisión relacionada con la socialdemocracia: economía, género, clima, igualdad, amabilidad– del sistema. Se trata de una amputación.
3- Este va a ser no solo un sistema sin socialdemocracia sino, todo apunta a ello, con penalización de algún tipo –hagan apuestas– hacia ella. No se pierdan el punto 8, en el que se alude a la socialdemocracia más próxima a su castigo y a su expulsión.
AfD es pura confusión. Sus líderes hablan sin puntos ni comas, a toda leche –la forma de hablar más antigua para vertebrar el engaño–
AfD es pura confusión. Sus líderes hablan sin puntos ni comas, a toda leche –la forma de hablar más antigua para vertebrar el engaño–
4- Por lo demás, como cualquier otro objeto confuso de la nueva extrema derecha, AfD es pura confusión. Sus líderes hablan sin puntos ni comas, a toda leche –la forma de hablar más antigua para vertebrar el engaño, lo que alude a que, de alguna manera, vuelven cosas antiguas; burdas, incluso–. Sobre la confusión de AfD: es un partido joven, de 2013 pero ya cuenta con etapas geológicas. La primera, su momento genérico, es un partido neoliberal centrado en la economía. Una derecha nacionalista con miedo a verbalizarse en el nacionalismo –esa bestia alemana–, que se verbalizaba en palabras de otros, a través de conceptos económicos que, en aquel momento, conducían al euroescepticismo –si expulsas a la socialdemocracia del sistema, si reformulas la derecha post-1945, debes eliminar el juguete más aparatoso de aquella derecha: Europa–. En muy poco –2015– esa derecha prescinde de esos y de otros llenapistas y ya está centrada en la inmigración, en rápida evolución a lo que, básicamente, es hoy AfD: un inquietante partido Völkisch, etnonacionalista, esa región alemana, ya frecuentada con éxito en el XIX y, más aún, en el XX, del miedo alemán a desaparecer. ¿Qué ha pasado entre 2013 y 2015? ¿Cuál ha sido el acelerador en ese incendio llamado AfD, aquello que lo ha dotado de lenguaje, de garra, de objetivo, de identidad?
5- Una invasión. Es decir, ninguna invasión, pero sí su formulación y explotación propagandística, a........
