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Cincuenta años de la matanza de Vitoria: la impunidad de un crimen de Estado

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02.03.2026

Andoni Txasko perdió su ojo derecho en la feroz represión desatada el 3 de marzo de 1976 en Vitoria/Gasteiz contra cientos de trabajadores en huelga mientras celebraban una asamblea en la iglesia de San Francisco del barrio de Zaramaga. La policía nacional abrió fuego contra ellos sin contemplaciones. Aquello fue una encerrona mortal. Hubo palizas, miedo en las calles y sangre en las aceras. Mataron a cinco personas: Pedro María Martínez, Romualdo Barroso, Francisco Aznar, José Castillo y Bienvenido Perea. Hubo 150 heridos. En las comisarías se generalizaron las torturas, incluyendo simulacros de ejecuciones a detenidos. Las incomunicaciones indefinidas eran otra costumbre aterradora. La ciudad quedó espantada por la brutalidad ejercida por las fuerzas de seguridad franquistas. Franco llevaba muerto apenas tres meses pero comenzaba el tiempo de Martín Villa y de Fraga. Los estragos que causaron fueron profundos e irreparables. “Hay un antes y un después del 3 de marzo. Franco llevaba muerto cien días y la situación en la calle era convulsa entre quienes querían blanquear la dictadura con una Transición dirigida por ellos mismos y quienes aspirábamos a romper con todo aquello para crear un espacio de libertades, no sólo sociales y democráticas, sino también de justicia social”, explica Andoni Txasko, que ahora apuesta por seguir la senda abierta por la desclasificación de los documentos sobre el 23F y así poder desenmascarar definitivamente los crímenes perpetrados por uniformados durante la Transición. “Siempre que hemos intentado acceder a estos documentos nos los han negado. A ver si a partir de este año, que se conmemora el 50 aniversario, hay cambios”. Txasko recuerda que Rodolfo Martín Villa era el ministro de Relaciones Sindicales y Manuel Fraga, el de Gobernación. Bajo su mandato, la policía recibió instrucciones de actuar sin miramientos, incluida la de tirar a matar, contra cualquier protesta que perturbara el devenir del proceso político que se estaba diseñando.

Hay decenas de pruebas. Por ejemplo, las grabaciones de Martín Villa reconociendo que disparar contra los obreros encerrados en la iglesia de San Francisco fue una decisión política destinada a acabar con un método de lucha inadmisible para quienes empezaban a tejer la Transición con los hilos del franquismo. Fraga, que aquel día estaba de viaje en Alemania y había delegado su responsabilidad en Adolfo Suárez, advirtió que los cinco asesinatos fueron la consecuencia de alterar el orden que había establecido el Gobierno de Carlos Arias Navarro. Un aviso de autor, como enseñanza y advertencia. El próximo martes se cumple el 50 aniversario de la matanza. Después de largos años de litigios y negociaciones, la Asociación Martxoak 3 ha logrado que el Estado al menos haya reconocido como víctimas a las cinco personas fallecidas y que, al fin, la parroquia donde se perpetró la matanza vaya a ser catalogada como lugar de memoria. Pero sigue existiendo un espacio vacío en la legalidad que nada tiene que ver con los homenajes y los recuerdos. “Hablo de la responsabilidad de........

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