Una corrección beneficiosa
Jane Austen, al arrancar el siglo XIX, convirtió la novela en una serie de variaciones sobre cómo encontrar un buen marido (o permitir que el marido te encuentre), narraciones que solían terminar con los preparativos de boda. Pocas décadas después, miremos donde miremos, los novelistas parecen enfrascados en analizar los peores matrimonios posibles para las mujeres. Una y otra vez Madame Bovary, Anna Karenina, La regenta o Middlemarch exploran las rutas, a menudo funestas, por las que una esposa puede tratar de huir, o por lo menos evadirse, de la trampa del matrimonio, en una sociedad que solo espera de ellas sonrisas, maternidad y obediencia.
En apenas 15 años de distancia, dos novelistas, el inglés G. Gissing y la estadounidense E. Warthon exploran una variante de esta situación: los pésimos matrimonios a los que se ven abocados muchos caballeros por culpa de la escasa y pésima educación de unas mujeres a las que no se las prepara ni para decidir, ni para ocuparse seriamente de nada. Incluso si novelas como las antes mencionadas no explorasen una excepcionalidad (la mujer sensible atrapada en un matrimonio opresivo), seguirían ofreciendo solo una cara de la moneda: ¿qué sucede con el hombre que se ve empujado por el sistema deficiente y opresivo a casarse con una tonta del bote? A esta pregunta tratan de responder Mujeres singulares y Las costumbres nacionales.
¿Qué sucede con el hombre que se ve empujado por el sistema deficiente y opresivo a casarse con una tonta del bote?
¿Qué sucede con el hombre que se ve empujado por el sistema deficiente y opresivo a casarse con una tonta del bote?
Primero la pedagogía. Gissing plantea su novela como un fresco social en la línea de las obras reformistas de Dickens, y si sacrifica la potencia expresiva que asociamos a Tiempos difíciles, lo hace a cambio de purgarse de sentimentalidad (no en vano Virginia Woolf le admiraba por su determinación de escribir personajes que piensan). El foco se sitúa sobre una comunidad de mujeres, dispersa por todo Londres, que fluctúa entre dos maneras de ser singulares: la soltería y el decidido empeño de procurarse estudios y medios para ganarse la vida, y lograr ser independientes y autónomas.
Un rasgo interesante de la novela es que Gissing no pretende reflejar un tipo (el de la mujer singular, siempre igual de consciente, de activa o de amargada), sino que este empeño por formarse y ser independientes se proyecta sobre mujeres con un temperamento, un atractivo y una situación económica muy variados. La novela avanza desplegando matices: desde mujeres que viven la soltería como un castigo hasta amazonas de la libertad, desde reformistas sociales a chicas que aprenden mecanografía en un limbo a la espera de que aparezca el príncipe azul.
Todas ellas, eso sí, cuidadosamente........
