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Hacer frente al chantaje imperialista de Trump sobre Groenlandia

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21.01.2026

La idea de anexionar Groenlandia puede parecer una vuelta al imperialismo del siglo XIX. Pero la situación actual no tiene precedentes en algunos aspectos, tanto por las profundas relaciones económicas entre Europa y Estados Unidos como por la naturaleza idiosincrásica del actual ocupante de la Casa Blanca.

No hay una respuesta fácil a los espinosos retos que plantea el expansionismo trumpista. Por lo tanto, el primer paso debe ser la humildad.

El segundo es tener claro qué es lo que realmente impulsa esta presión sobre Groenlandia.

La sociedad estadounidense no tiene ningún interés en anexionar Groenlandia. La idea no entusiasma a casi nadie, ni siquiera dentro de las filas republicanas. A diferencia de la campaña contra Nicolás Maduro en Venezuela, Groenlandia no encaja en una cruzada ideológica capaz de movilizar a la derecha estadounidense. Dinamarca no es un Estado enemigo. Es un aliado leal.

Por lo tanto, la explicación hay que buscarla en otra parte.

Como ha demostrado Casey Michel en The New Republic, las verdaderas fuerzas en juego son económicas. Las empresas extractivas estadounidenses codician la riqueza mineral de Groenlandia. Los multimillonarios de la tecnología y Wall Street cercanos a Trump ya han invertido allí. Y parte de la derecha libertaria fantasea con convertir Groenlandia en un patio de recreo desregulado para el capital.

Este patrón no es del todo nuevo. Estados Unidos ya lo ha visto antes.

Durante la Edad Dorada (1870-1913), la extrema concentración de riqueza en el país coincidió con la expansión en el extranjero. Esa época, tan a menudo idealizada por Trump, fue también la era del colonialismo estadounidense, marcada por la anexión de Hawái, Puerto Rico, Guam y........

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