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Apague la luz y escuche

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14.08.2026

Hace unos meses realicé un sueño infantil: conocí quién prende y apaga la luz. Para cumplir una investigación destinada a la Sociedad de Ingenieros de Bolivia (SIB) conseguí autorización para visitar (en modo VIP) las 14 hidroeléctricas de la Compañía Boliviana de Energía Eléctrica.

La luz –Lux, diría Rosalía– es uno de los encantos envolventes de la niñez, igual que para la Humanidad primitiva fue Prometeo y el fuego. Luminosidad intangible, tiniebla temida. Los farolitos en las procesiones, los faroles en los parques, las farolas en los callejones de San Pedro y Churubamba eran antesala de cuentos nocturnos.

Desde la ventana del costurero era fantástico esperar en el espacio de las dos luces –cuando el día ya no es día y la noche todavía no es noche– el encendido de las luminarias. ¿Quién las prende?, pregunté porque no divisaba ningún inmenso interruptor. Me respondieron que desde lejos alguien ejecutaba ese control cotidiano.

En los años sesenta, por dos o tres horas, se cortaba la energía eléctrica y había que cenar bajo el reflejo de candelabros. Mi hermano, imitando a un científico, recorría con su mano mi cabellera azabache para comprobar si salían chispas. El cabello se electrificaba. Era la hora del aparato de transistores para escuchar en familia a Alí y Baba con........

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