Soberanía, soberanía, soberanía...
La soberanía constituye uno de los conceptos fundamentales de la teoría política y del derecho público. Se entiende como la potestad suprema que posee un Estado para gobernarse a sí mismo y adoptar decisiones dentro de su territorio, sin subordinación a otro Estado o autoridad externa.
Este concepto puede analizarse desde dos dimensiones complementarias:
Soberanía interna: la capacidad efectiva del Estado para ejercer autoridad, garantizar el cumplimiento de las leyes y preservar el orden dentro de su territorio.
Soberanía externa: la independencia frente a otros Estados, de modo que ninguna potencia o actor extranjero pueda imponer decisiones que vulneren su autodeterminación.
Según el jurista francés Jean Bodin, la soberanía es “el poder absoluto y perpetuo de la República”, es decir, la facultad suprema de mando dentro del Estado.
Hoy más que nunca, me pregunto si, desde aquel 6 de agosto de 1825, Bolivia, como Estado naciente, ha ejercido plenamente su soberanía; aquella anhelada independencia que debía permitirle construir su futuro sin interferencias externas, impulsar su desarrollo, fortalecer su identidad como nación pujante y brindar a sus ciudadanos un auténtico sentido de pertenencia y bienestar.
A lo largo de sus dos siglos de vida republicana, Bolivia ha transitado entre proyectos de construcción nacional y recurrentes crisis políticas, caracterizadas por golpes de Estado, guerras civiles y períodos de inestabilidad........
