Ni rasputines ni mata haris nativos
La cadena de escándalos que vinculan a miembros importantes del poder político ya son parte de la cotidianidad con la invariable presencia de exóticos personajes que protagonizan dramas, comedias, tragicomedias y melodramas.
Su existencia está vinculada indefectiblemente a las más altas esferas de go-bierno, son el efecto de la profunda crisis moral heredada del neopopulismo auto-ritario, su rol es variado, participan e influyen en las decisiones públicas, hacen negocios, tienen una vida regalada y hedonista, participan de la farándula, son extremadamente mediáticos, copan páginas enteras de periódicos, horas de pro-gramación radial o televisiva y son los más vistos en la redes sociales, a la par de su vida licenciosa embadurnan la política de la que obtienen beneficios rápidos con procedimientos casi siempre ilegales pero cobijados por la permisividad y laxi-tud del poder.
Son rasputines y mata haris que seducen a poderosos, hábilmente los hacen caer en sus hábiles enredos, son lisonjeros, audaces y tienen u olfato perruno para ubicarse en el lugar preciso y junto al personaje del momento.
Son mitómanos por excelencia, se codean con las élites, su palabra es motivo de grandes debates, son la fuente de la verdad, generan dudas, sus chismes se ex-tiende como reguero de pólvora e involucran a medio mundo, de ser personajes descalificados se convierten en acusadores límpidos.
Como toda mentira tiene algo de verdad, su presencia alcahueta en........
