53 días, ni un minuto más
53 días de guerra interna unilateral no fueron el inicio de un proceso conspirativo en contra de la democracia, fueron el efecto de la agonía de los residuos del autoritarismo instaurado hace más 20 años atrás.
La estrategia del desgaste exigió de los bolivianos un sacrificio extremo y heroico, cuyas consecuencias políticas, sociales, económicas y morales aún no han sido evaluadas ni merecido un plan de contingencia que responda a sus consecuencias.
El gobierno se regodeó suponiendo que con solo desbloquear los caminos, todo estaba resuelto, que era más que suficiente para que el país vuelva a cobrar cierta normalidad, no aquilató que al haberse aislado el núcleo conspirativo e identificados con claridad sus líderes y aliados debía dárseles el golpe de gracia para que no haya posibilidad alguna de que en el futuro prosigan con su labor violenta en su intención de prolongar el fracaso del estado plurinacional que evita un cambio estructural.
El Gobierno sigue en la línea cortoplacista carente de una visión articuladora de todos los factores, no comprende........
