Crisis como método: crisptocracia, megacrisopolítica y la reconfiguración del orden mundial
La autora de esta columna analiza el caótico presente mundial definiendo dos conceptos para explicarlo. Sostiene que “el miedo ya no es una consecuencia, es una estrategia; el terror no es un exceso, es un dispositivo; la supervigilancia no es prevención, es disciplina; la inseguridad no es falla del sistema, es su combustible. La doctrina del shock dejó de ser una táctica excepcional para convertirse en régimen continuo: conmoción tras conmoción, saturación tras saturación, hasta que la ciudadanía ya no distingue entre protección y control. La mentira no oculta la verdad: la reemplaza con tal volumen y velocidad que la vuelve irrelevante. Se gobierna agotando, confundiendo, atemorizando”.
Pensar el presente exige un lenguaje que todavía no existe del todo. Cuando las categorías tradicionales, democracia, soberanía, gobernanza, globalización resultan insuficientes para describir la densidad y complejidad de las dinámicas actuales, el pensamiento político se ve compelido a forjar nuevos conceptos. En ese esfuerzo se inscriben dos neologismos de mi autoría: crisptocracia y megacrisopolítica se proponen como herramientas analíticas para examinar un fenómeno que muchos perciben de manera difusa, pero persistente, la instrumentalización sistemática de la crisis, la estructuración de la corrupción como forma de gobierno y la expansión megalómana de proyectos geopolíticos que parecen situarse por encima de la voluntad democrática de los pueblos; no pretende explicarse como consignas conspirativas ni como diagnósticos clausurados.
Crisptocracia puede descomponerse etimológicamente como la articulación de “crisis”, del griego krísis, que alude a decisión, juicio o punto de inflexión; “cripto-”, del griego kryptós, oculto; y “-cracia”, de krátos, poder o dominio. La crisptocracia designaría, entonces, una forma de poder que gobierna a través de la gestión permanente y opaca de la crisis. Excede la existencia de crisis económicas, sanitarias, bélicas o climáticas, sino de su conversión en estructura estable de gobierno. La excepcionalidad deviene norma; la urgencia, regla. Bajo este régimen, las decisiones se desplazan hacia esferas técnicas y opacas, justificadas en nombre de la necesidad. La ciudadanía deja de ser sujeto deliberante para transformarse en población administrada. En este contexto, la corrupción se constituye en una condición sistémica, referidas a redes de influencia, financiamiento encubierto, captura regulatoria y circulación de........
