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Narcoreligiosidad: del control del territorio al dominio de los símbolos

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15.05.2026

Las autoras de esta columna escrita para CIPER analizan el avance del crimen organizado en el país desde la perspectiva simbólica-religiosa y cómo se apropia de los territorios. Sostienen que «la pregunta de fondo, entonces, no es sólo cuánto crimen organizado existe hoy en Chile, sino cuánta capacidad está adquiriendo para producir autoridad simbólica. Esa es la frontera más sensible. Una sociedad no entra en una fase más peligrosa únicamente cuando aumentan las armas, los homicidios o las rentas ilegales, sino también cuando el delito comienza a disputar el lenguaje con que una comunidad define el respeto, la memoria y la pertenencia».

Imagen de portada: demolición de narcomausoleo en abril de 2025, en San Bernardo (Diego Martin / Agencia Uno). 

En los últimos años, como sociedad nos hemos acostumbrado a escenas que hasta hace poco parecían excepcionales, pero que hoy comienzan a leerse como parte de un mismo patrón: narcomausoleos en la vía pública, funerales de alto riesgo que alteran la vida barrial y causas judiciales que revelan rituales asociados a la Santa Muerte dentro de organizaciones criminales. Lo que une estos episodios no es sólo la violencia ni su vínculo con economías ilegales. Es algo más profundo: muestran que el crimen organizado en Chile no busca únicamente rentabilidad, sino también arraigo, permanencia y capacidad de modelar la vida cotidiana de los territorios donde se instala.

Durante mucho tiempo, en Chile se entendió el crimen organizado principalmente como un problema asociado al tráfico de drogas, el contrabando, las armas o la extorsión. Pero los hechos recientes muestran que esa definición ya no basta. Para perdurar, estas organizaciones no sólo necesitan controlar territorios, modelar rutinas y producir miedo; también necesitan dejar marcas visibles de su presencia. Todo poder que quiere sostenerse en el tiempo requiere signos, rituales, homenajes, relatos y una economía simbólica capaz de convertir la dominación en memoria y la violencia en jerarquía. Por eso el problema deja de ser sólo delictual y se vuelve también cultural: implica una disputa por sentidos, valores y formas de habitar el espacio común, donde la apropiación del territorio es física —mediante ocupación y control— y simbólica, a través de signos que normalizan, legitiman y proyectan esa presencia.

DEL HOMENAJE A LA DEVOCIÓN 

Uno de los indicios más elocuentes de esta mutación se vio a comienzos de marzo de 2026, cuando en Maipú fueron demolidos cuatro narcomausoleos instalados en espacio público. Uno de ellos tenía conexión eléctrica irregular para iluminar la imagen del fallecido, contenía objetos personales y ocupaba parte de la vereda. La escena no era........

© CIPER Chile