Evaluar en tiempos de IA: cómo salvar el aprendizaje cuando es una máquina la que hace las tareas
El autor de esta columna sostiene que el debate sobre IA en la educación superior sigue anclado en la pregunta equivocada —cómo impedir que los estudiantes la usen— cuando lo urgente es rediseñar la evaluación para distinguir entre desempeño y aprendizaje, y decidir qué parte del esfuerzo cognitivo no se puede delegar a la máquina sin perder el propósito educativo. Concluye que «prohibir no enseña a vivir en un mundo donde la IA está disponible al salir de la sala. Integrarla sin diseño, puede producir trabajos impecables, pero aprendizajes vacíos. El desafío no es conseguir que los estudiantes nunca usen inteligencia artificial. Es lograr que, cuando la usen, sigan pensando; y que, cuando no la tengan, todavía sepan hacerlo».
Imagen de portada: Ferrantraite / Getty Images / Canva
La pregunta la hizo hace un par de semanas un colega en el grupo de WhatsApp que compartimos con académicos de distintas universidades. Fue a raíz de lo sucedido a fines de julio con las pruebas de admisión a la Universidad Autónoma de México (UNAM). ¿Cómo hace cada universidad, escuela, unidad o departamento para abordar, evitar o regular el uso de inteligencia artificial en la educación superior?
Por supuesto, no es la primera vez que se plantea la pregunta en ese ni en otros espacios. De hecho, ya es casi un lugar común, pero sorprende que la respuesta todavía no lo sea.
Algunos contaron experiencias de profesores que habían cambiado sus pruebas. Otros compartieron lineamientos institucionales. También circularon guías, acuerdos de curso y propuestas publicadas por universidades chilenas y extranjeras. La conversación fue útil. Pero lo que más me llamó la atención fue que todavía estemos formulando la pregunta como si el problema acabara de llegar.
ChatGPT fue liberado públicamente en noviembre de 2022, hace más de tres años y medio. Desde entonces, la inteligencia artificial generativa –en sus distintas formas– se instaló en teléfonos, buscadores, procesadores de texto, plataformas educativas y herramientas profesionales de todo tipo y en todo nivel. En la Universidad Católica, un diagnóstico realizado en 2025 dio cuenta de que el 93,7% de los estudiantes y el 72,2% de los docentes ya la utilizaba regularmente. Y en una encuesta regional con más de 30.000 respuestas, aplicada en 29 instituciones latinoamericanas, las cifras llegaron a 92% y 79%, respectivamente.
La IA ya entró a las universidades y también a los colegios. Es la realidad, y punto. Seguir discutiendo si abrimos o no los ojos para aceptar su presencia es –me parece– completamente infructuoso. La discusión central ahora es con qué........
