Una brújula humana para el futuro
La tecnología ocupa hoy el centro de la economía, la educación, la salud, el empleo y la vida cotidiana. La inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología, los datos y los sistemas digitales amplían capacidades y abren oportunidades. Pero también plantean una pregunta que va más allá de la innovación: ¿tecnología para el bien, para el bien común o para las personas? La respuesta que le demos condicionará nuestro futuro.
Lo que nos hace humanos
El desarrollo tecnológico no es un proceso neutral. Cada algoritmo incorpora decisiones. Cada plataforma establece prioridades. Cada avance modifica relaciones entre personas, empresas, instituciones y comunidades.
Como señalan Javier Tejada y Eugene Chudnovsky en su artículo premonitorio de un mundo distópico Memorias de 2027 (La Vanguardia, 13 de agosto de 2026), debemos defender aquello que nos hace humanos, esa singularidad que no puede reducirse a datos, competencia, eficiencia o productividad. La tecnología debe ampliar las capacidades de las personas, no sustituir su criterio, su autonomía, su capacidad para la solidaridad o su dignidad. No todo lo que puede hacerse debe hacerse. Hay que evitar los riesgos de la deshumanización.
La economista y ensayista Shoshana Zuboff, profesora emérita de Harvard Business School, en su reciente artículo La catástrofe moral de los tecnomagnates totalitarios: nos roban los datos, nos roban la democracia (El País Ideas, 12 de julio de 2026), ha alertado sobre las consecuencias para la sociedad y la dignidad humana de........
