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La ilusión contable de cancelar la deuda pública

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17.09.2026

Pocas ocurrencias económicas resultan tan seductoras a primera vista como la propuesta que Jean-Luc Mélenchon lanzó hace unos días al centro del debate político francés. En esta propuesta, el candidato a la presidencia francesa proponía que el Banco Central Europeo condonara la deuda pública francesa que aparece en el balance del Banco de Francia, unos 600.000 millones de euros. El objetivo final sería abrir margen fiscal sin necesidad de recurrir a la financiación externa. El planteamiento parece impecable sobre el papel, dado que el Estado es el propietario único del banco central, por lo que esa deuda representa dinero que se debe a sí mismo. Borrarla equivaldría a un simple apunte contable.

Pero ya sabemos de sobra que los atajos de este tipo, en economía, esconden algo que una primera lectura no muestra. Conviene empezar reconociendo lo que el argumento tiene de cierto, ya que desecharlo con un mero “es una locura” impide entender por qué resulta peligroso para cualquier país que se plantee algo similar en el futuro. Luego vamos con lo sustancial.

En términos estrictamente aritméticos, la identidad se sostiene. Cuando el Eurosistema compró esos títulos durante los programas de expansión cuantitativa, financió la adquisición creando reservas bancarias, dinero que quedó en su pasivo. El activo y el pasivo se crearon a la vez, de modo que cancelar un bono hoy no genera nueva liquidez. Al existir esa liquidez, el balance quedaría descompensado con dicha cancelación, con una pérdida neta de capitalización del banco. Sin embargo, una institución que emite su propia moneda no quiebra como una empresa mercantil por operar con fondos propios negativos. En este punto los defensores de la medida no incurren en ninguna incorrección de cálculo. Contablemente, no hay mucho que decir. Pero........

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