La renuncia de la Fed al ‘forward guidance’ puede acabar en autogol
Kevin Warsh aprovechó su primera rueda de prensa como presidente de la Reserva Federal, el mes pasado, para prometer reformas de calado en el banco central estadounidense, guiadas por cinco grupos de trabajo para el avance de la política monetaria e integradas por una nómina de expertos de primer nivel. Su primer objetivo es la política de comunicación de la Fed y, muy en particular, la moda de la transparencia que ha barrido la banca central mundial durante las dos últimas décadas. El problema es que callarse sin más no va a funcionar.
La bestia negra de Warsh es la práctica del forward guidance, por la que las autoridades monetarias complementan sus decisiones de tipos anticipando hacia dónde esperan que se mueva la política en un horizonte adicional. La Fed dio sus primeros pasos en esa dirección en diciembre de 2008, cuando afirmó que las condiciones “probablemente justifiquen niveles excepcionalmente bajos de los tipos de los fondos federales durante algún tiempo”, antes de comprometerse de forma explícita, en agosto de 2011, a mantenerlos bajos “al menos hasta mediados de 2013”. Al año siguiente incorporó a la ecuación umbrales de paro y de inflación.
El mes pasado, Warsh se despidió de todo aquello. “Hemos abandonado el forward guidance”, explicó. También mostró su desdén por la costumbre del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de publicar previsiones de las principales variables económicas en su Resumen de Proyecciones Económicas (SEP), y evitó de manera deliberada aportar las suyas.
La alergia de Warsh a estas prácticas se asienta en la nostalgia de lo que podría llamarse la visión clásica de la política monetaria. Según ese enfoque, los inversores, en busca de beneficio, colocan sus carteras a........
