menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El ‘momentum’ es la apisonadora cortoplacista del mercado

29 0
23.07.2026

En el mundo de la inversión, la práctica de seguir ciegamente las tendencias del mercado se conoce como momentum. Cuando despega, los inversores que seleccionan valores con criterios fundamentales empiezan a quedarse rezagados frente a sus índices de referencia. Los clientes, decepcionados, se llevan el dinero a otra parte. Y la tentación de capitular se vuelve irresistible para el gestor de valor. Las penurias de Fundsmith, la firma británica de inversión, il...

Para seguir leyendo este artículo de Cinco Días necesitas una suscripción Premium de EL PAÍS

ustran el dilema. El problema es que, cuando la burbuja estalla, la decisión tardía de sumarse al rebaño suele resultar un error caro.

Comprar acciones que se han comportado bien recientemente tiene un largo historial de rentabilidades positivas. Los inversores cuantitativos usan el momentum como contrapeso de sus apuestas value. Como escribe el veterano inversor Jeremy Grantham en The Making of a Permabear (Cómo se hace un bajista perpetuo) –cuya compilación ayudé a preparar–, el momentum es el yin del yang del valor. Cuando esas apuestas van mal, tener una parte de la cartera en títulos con momentum reduce la desviación respecto al índice de referencia. Y eso ayuda a retener a los clientes.

Grantham, sin embargo, tiene sus reservas sobre el momentum. Cuando los valores más rentables decepcionan, las pérdidas son permanentes, mientras que las acciones de valor acaban recuperándose. Paul Woolley, su antiguo colega en la gestora GMO, va mucho más lejos. Hace casi 20 años, Woolley patrocinó un centro en la London School of Economics para estudiar la disfuncionalidad de los mercados de capitales. Junto con el director del centro, el profesor Dimitri Vayanos, el exgestor ha firmado varios trabajos que detallan el daño que causa el momentum. (Su investigación es accesible a través de una base de datos........

© Cinco Días