El caso Anthropic o cómo la IA con reglas está cambiando el mercado
En la Era de la Velocidad, diez días pueden ser un mundo. Especialmente en el ámbito de la inteligencia artificial generativa (IAG), donde casi de forma semanal asistimos a un hito que nos deja, si aún se puede seguir usando esa palabra, boquiabiertos. Una evolución en la creación de imágenes, un avance en la generación de videos... todo se sucede a una rapidez vertiginosa, asfixiante incluso para el usuario más ávido de nuevas experiencias.
No en vano, estamos asistiendo aún a una lucha sin cuartel entre los distintos modelos generativos por hacerse con una mayor base de usuarios de IAG. ChatGPT fue el primero, pero no tiene por qué ser el definitivo. Google (Gemini) cuenta con fortaleza de marca y una integración casi de serie en nuestros teléfonos móviles. Claude, Perplejidad, DeepSeek, Grok... cada uno de ellos, con sus características, pugna por hacerse un hueco en un escenario donde nada está escrito.
Si empezamos a vislumbrar que Google ya no será la entrada casi exclusiva de acceso a internet para millones de personas en todo el mundo, entenderemos por qué para estos modelos afianzar ahora su cuota de usuarios es crucial. La IAG mejora con su uso, ya que va conociendo a la persona que la maneja, ajustándose a sus gustos, sus preferencias y su estilo.
Por eso, lo normal es que, tras una época de pruebas en las que investiguemos en los distintos modelos generativos, acabemos por elegir uno como nuestra herramienta de confianza, el que nos ayudará en nuestro día a día personal y........
